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Barracas - La Boca
17 | 11 | 2016
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Un apasionado que le puso su impronta al barrio

Nicolás Clementoni
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Por Nicolás Clementoni


Gustavo Raik nació en Barracas y siempre tuvo un sueño: ser arquitecto y trabajar en su lugar de origen. Lo logró y ya remodeló varios centros de salud de la zona Sur de la Ciudad y también varios espacios verdes.

Un apasionado que le puso su impronta al barrio
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Gustavo Raik nació en Barracas hace 42 años y si bien a los 22 se casó y se mudó a Florida, en Vicente López, siente que jamás abandonó el barrio natal. Es arquitecto, historiador, coleccionista y un enamorado las calles en las que se crió, entre aventuras entre paredes abandonadas y los primeros dibujos de casas y edificios. 

Como arquitecto construyó y remodeló varios centros de salud en Barracas, Pompeya y Parque de los Patricios. Y además dejó su impronta en el Hospital Penna, al que considera su segunda casa. Pero también -y quizás como tributo a su padre, que tuvo florería y vivero durante seis décadas- Raik participó en la puesta en valor de varios espacios verdes de la zona, como el parque Ameghino, el parque España, la plazoleta Luzuriaga y en La Boca, la plazas Brown y Malvinas. "Un retorno a lo verde", confiesa.

"Jamás me fui de Barracas aunque me haya mudado. La vida, el destino, el trabajo, todo siempre me trajo de nuevo acá. Mi padre es hijo de inmigrantes venidos al país en 1912, emigrados de su Siria natal. Llegaron cuando él tenía 15 años y se establecieron en una humilde casa de inquilinato sobre avenida Patricios. Allí formaron su numerosa familia, compuesta por 12 hijos. Papá siempre fue comerciante y tuvo su florería, que fue orgullo del barrio, sobre mi amada avenida Regimiento de Patricios. Primero al 200 y finalmente al 300. Ahí aprendí todo lo referente al comercio, al trato con el público, pero principalmente, la honradez y el bien de gente que mi viejo nos transmitió como herencia a mi hermano menor y a mí", explica Raik.

"Siempre soñé con ser arquitecto. Desde que tengo uso de razón dibujaba y dibujaba, casas, edificios. Esa era mi imagen hasta que un día pregunte: '¿Cómo se llama el que hace casas? Albañil, me respondieron. Pero yo soñaba con quien creaba una casa, quien la soñaba, quien la sentía y alguien me arrimó la palabra 'arquitecto'. Tenía 5 años y de ahí en más jamás lo abandoné. Estudié en Santa Lucía, luego con los curas salesianos de La Boca, mi otro barrio amado, y más tarde la facultad, la UBA en Ciudad Universitaria. Con mi mamá fallecida tempranamente, conocí a Andrea -mi gran amor- me casé y tenemos dos hijos hermosos que nos mandó Dios luego de muchos intentos fallidos, Nicolás de 5 y Federico de 3", cuenta.

"Mis trabajos fueron en el ramo familiar al principio. Primero, en la florería. Luego, pizzería con mis tíos y después llegaron las obras, casi recibido de arquitecto y siempre interesado en investigar las casas antiguas de la Boca y Barracas. Me metía en casas abandonadas con mis amigos como travesura, mientras ellos gomera en mano rompían vidrios o molestaban pajaritos yo recorría esas maravillas. Me fascinaba la arquitectura fabril ya abandonada, los negocios con sus persianas oxidadas que pedían a gritos una cálida mano que las vuelva a la vida", recuerda.

"Además -prosigue- loco por la historia y los libros comencé a temprana edad a coleccionar fotos, postales, de edificios y de nuestros barrios. En fin, era un adelantado a mis años, creo. Observando y comparando, entendí aquello que los libros no te muestran, y junto al Tano José, un empleado de mi papá, siciliano y calentón, aprendí el noble oficio del albañil. Siempre estábamos en obras. No me puedo quejar, hoy sería una pasantía rentada", ríe.

"Luego me tomaron en Indaltec, la empresa donde trabajo. Siempre sin irme del barrio, construí y remodelé varios centros de salud en Barracas, Pompeya y Parque de los Patricios. Y varios trabajos en el Hospital Penna, que es como mi segunda casa. Además, en la actualidad doy clases en la facultad de Arquitectura, en la cátedra de Historia de la arquitectura argentina', añade.

"Por último, al asociarse la empresa con Planobra, solicité que me transfirieran al área de espacios verdes que recién se abría. Era el momento de retornar a lo verde y aquí estamos. Es una inmensa alegría trabajar en mi barrio, en las plazas donde jugué, donde estuve de la mano con mi mamá. Muy movilizador".
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