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17 | 11 | 2016
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Abel Pintos: "La música es mi forma más certera de comunicar algo"

Solange Segal
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Por Solange Segal


El cantante habló en exclusiva con DIARIO POPULAR de 11, su nuevo trabajo discográfico que ya se convirtió en Disco de Platino y que desde la semana próxima llegará con once funciones al Opera Allianz. El niño devenido en artista que alguna vez soñó con ser carnicero, el ciudadano ilustre que vuelve a su pueblo natal para encender la mecha de los recuerdos

Abel Pintos: La música es mi forma más certera de comunicar algo
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Abel Pintos está demorado y la lista de entrevistas pautadas para este mediodía no cabría en el papel de los mandados que su mamá le ordenaba en Ingeniero White. Ni eso ni el calor que atrapa a Buenos Aires en su trampa de cemento le apuran el paso: está refugiado en el edificio de Sony, en el corazón de Palermo, por donde desfilan artistas –allí pasa Soledad Pastorutti- y personal al que sí parece apremiar el tiempo. Es fácil percibirlo: en el aire de una discográfica conviven éxitos, novedades y nombres que mañana convocarán a otros periodistas. La rueda. El círculo. El botón luminoso del ascensor anuncia el quinto piso.

En esa oficina podría brindar un concierto íntimo: hay espacio, hay luz y una mesa como para celebrar un gran banquete. Pero Abel está solo, sereno, quizá porque la madurez le enseñó a administrar las energías. Viene de un año intenso. En marzo, luego de llenar tres Luna Park, se despidió de sus fans locales y emprendió un viaje a Europa que terminó en otro viaje, el de su nuevo disco, 11, que ya es Disco de Platino. Lo presentará con once funciones en el Opera Allianz, entre el 25 de noviembre y el 9 de diciembre.

— ¿Por qué compusiste 11? 

— Mi disco anterior, Único, es un disco de festejo de 20 años de carrera, un concierto que marcó un hito para mí porque fue mi primer estadio (NdR: tocó en el Estadio Único de La Plata). Todo esto, en un marco de fiesta y de alguna forma de coronación de una etapa significativa en mi carrera. El disco 11 es el primer álbum de una nueva etapa. Es el primer disco que se va a editar en otros países. Sabiendo que voy ir a mostrar mis canciones a gente que nunca me escuchó y que también va a ir al público que me escucha hace muchos años, pensé que el disco tenía que tener esa sensación de nuevo y de búsqueda desde el comienzo y la concepción. Por eso me fui a trabajar a otros países, donde me encontré con productores que no tenían conocimiento de lo que yo había hecho en 20 años. Al final este es un disco que continúa mi camino de búsqueda. Sigo siendo un músico que quiere reinterpretarse emocional y musicalmente en cada etapa de su vida como en cada disco. En este disco hablo mucho de lo que yo siento sobre dónde están las relaciones de los seres humanos hoy.

— ¿Cómo creés que va a recepcionar tu público este nuevo trabajo, tan diferente a los anteriores? 

— Lo van a recibir naturalmente porque me conocen y saben que soy una persona dinámica y fluida. Nunca sentí que el público me exigiera hacer lo que ya les había gustado. Siempre comparten conmigo lo que yo estoy necesitando compartir con ellos. Es así de simple y natural.

— ¿Por qué decís que "Pájaro cantor" es la canción del disco que más te identifica?

— Porque a pesar de que tiene una estética musical y un carácter lírico que nunca antes había abordado, es una canción que, según el comentario de todos cuando la escuchaban, es muy Abel.


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— ¿Volvés a Ingeniero White?

— Vuelvo a Bahía Blanca (NdeR: la separan apenas 10KM de su pequeño pueblo natal) a visitar a mi familia cuando puedo, y lo máximo que puedo hacer es un recorrido por los lugares de mi niñez, pero en realidad vuelvo más en el recuerdo que físicamente.

— ¿Qué queda de aquel Abel?

— Curiosamente, no soy tan distinto. De niño andaba mucho en la calle, caminaba mucho y estaba fuera de casa mucho tiempo, y de grande lo sigo haciendo. De niño soñaba con cantar todos los días de mi vida, con dedicarme todo el día a hacer eso y que el canto fuera mi vía de comunicación, mi idioma, y es lo que sigo haciendo hoy. Era de sorprenderme y emocionarme mucho, y sigo siendo igual.

Los ojos de Abel buscan más allá del techo, más acá de todo: buscan en el cajón de los recuerdos. Vuelve:

— La diferencia ahora es que tengo más espalda para las experiencias de la vida o tengo nuevos puntos de vista, pero no ha cambiado mucho en esencia. De hecho, el otro día canté con José Luis Perales en Córdoba y cuando lo compartí con todos a través de las redes sociales dije que cumplí el sueño del niño que fui y del hombre que soy porque al final es eso, un buen ejemplo. Soñaba con hacer eso de niño y lo soñaba de adulto también.

— ¿Te divertías?

— Era muy intenso... Eso ha cambiado un poco. O no sé si ha cambiado mucho el nivel de intensidad, sino que era de no ponerle ningún tipo de medida a mi euforia. Hoy soy bastante más sereno, cuando era chico todo era de esa manera. Cuando me vestía, me ponía lo mejor que tenía. Lo que a mí me parecía lo mejor sin importar si eso estaba bien, si combinaba, si no, y lo hacía hasta para ir a jugar a la pelota, aunque no tenía nada que ver. Si me parecía que el partido era importante, iba a jugar vestido como si fuera a un cumpleaños.


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— Ahora expresás tus sentimientos a través de la música. ¿Cómo se las arreglaba aquel niño?

— Era introvertido en la comunicación de mis emociones. Una de mis pocas herramientas era el llanto. Entonces lloraba de emoción, rabia, tristeza, alegría, bronca, pero lloraba y no hablaba en esos momentos en los que una emoción determinada me desbordaba. Luego me sucedió con la música. La música me hacía llorar de emoción, pero con la diferencia de que yo encontraba en determinadas canciones lo que no podía decir de otra manera. Entonces, cada vez cantaba más, y al final la música terminó convirtiéndose en mi idioma. Hoy tengo vocabulario más amplio que en aquellos días, pero de alguna manera sigue siendo la música mi forma más certera de comunicar algo.

— ¿Y cuándo llegaron las primeras influencias musicales?

— Mi mamá escuchaba radio mientras trabajaba en casa. Mamá era ama de casa. Escuchaba lo que sonara: Los Baladistas, Roberto Carlos, José Luis Perales, Sandro y Sergio Denis; y mis hermanos eran preadolescentes, entonces estaban muy en la mano del rock nacional, pero sobre todo lo que estaba llegando de afuera. Escuchaban Metálica, Megadeth, Nirvana, Madonna, Depeche Mode, Europe, y yo convivía con todo eso. Mi padre, cuando volvía de trabajar, se iba al living, agarraba la guitarra y, a modo de terapia, tocaba folclore y alguna cosa de tango. Entonces yo vivía con todas esas músicas y, además, mi ídola, que era Mercedes Sosa, hacía toda esa música al mismo tiempo. Al final, aquello que yo escuché o aquella forma de entender y de interpretarlo incidió mucho en el músico que soy hoy, que tiene una raíz en el folclore, con el que comencé, pero que al mismo tiempo no le pone ningún límite a su creatividad, independiente del género que tenga que abordar.

 
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"Cada tanto pregunto qué podría haber sido si tomaba otro rumbo y hacia otro destino", canta en De sólo vivir. ¿Y si no hubiera sido la música?

— Alguna vez fantaseaste con ser carnicero.

— Porque en la familia hay un amigo que es carnicero y yo pasaba todos los veranos en su casa, ahí con su familia, y entonces iba al negocio, intentaba dar una mano y me llamaba mucho la atención la relación que el público tenía con él. O sea, que en algún punto estaba relacionada con la cuestión artística. Era una relación de mucho respeto y de mucho cariño. Vos fijate que, no sé si seguirá siendo igual, en aquellos tiempos era muy común que una persona tuviera su carnicero. La gente no iba a cualquiera. Capaz que se cruzaba la ciudad para ir al suyo. Un día, después de que cerrara el negocio, le pregunté si me enseñaba a cortar carne y él me respondió que no podía porque el público confiaba mucho en él, que era quien llevaba la comida a sus mesas. Me marcaron esas palabras. Porque la gente hoy confía mucho en mí. Sabe que voy a estar listo y preparado para hacer un concierto. Estoy llevando algo tan sensible como la música a sus casas. Fue una buena lección.

— ¿De qué manera podés explicar esa conexión y esa singularidad con tu público?

— Lo que a mí me pasa en los conciertos es que me emociona mucho, sin perder de vista que hago canciones y que el público viene a escucharlas, que siendo esa la raíz de la situación podamos trascenderla. Tiene que ver con que ya hace 21 años que nos conocemos. Siempre hablo de mi público como cómplices de una situación. Siento que vienen a compartir, a encontrarse conmigo, que soy un tipo que, como ellos, disfruta de la música.

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