martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Turismo
20 | 11 | 2016
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Los Miradores de Darwin, un paisaje único y mágico en la Patagonia

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Con el Río Deseado y el Mar Argentino como escenarios, desde tiempos remotos visitantes de todo el planeta eligieron Santa Cruz para recorrer este indómito paraíso. Más alternativas para hospedarse y aprovechar las ofertas gastronómicas se suman a la inigualable flora y fauna de esta opción inolvidable, ideal para proyectar las próximas vacaciones.

Los Miradores de Darwin, un paisaje único y mágico en la Patagonia
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Los Miradores de Darwin, a unos 40 kilómetros al norte de Puerto Deseado, en Santa Cruz, son un abrupto y ancho cañón rojizo de cientos de metros de altura que culminan en un curso de agua clara y fondo amarillento que permiten alcanzar vistas extraordinarias de la unión del río Deseado con el Mar Argentino y sentir la tranquilidad que transmite la inmensidad del desierto patagónico, a la que el científico inglés definió como "el lugar más aislado del resto del mundo".

El lugar que lleva el nombre del célebre naturalista Charles Darwin se caracteriza por contener una serie de masas de tierra compuestas por rocas graníticas y minerales como la mica, el oro, la plata y el cuarzo, que se elevan entre 200 y 500 metros por sobre la superficie donde la ría de agua salada que proviene del océano Atlántico se convierte en el río Deseado. La altura y el silencio dominan el espacio de los Miradores, donde es posible imaginar los orígenes de la formación de la vida en la tierra, sin presencia humana, en tiempos remotos, y comprender la preponderancia de la naturaleza en relación al hombre.

El guía especializado Daniel Fueyo explicó durante una visita a ese lugar que "una posibilidad para acceder a los Miradores es seguir el derrotero que hizo Darwin en 1833, a bordo del Beagle, que remonta la ría Deseado y entra al agua dulce del río y que hoy se puede hacer en botes semirrigidos, si las mareas y las lluvias aumentan los niveles de agua, que son cada vez más bajos".

"Otra alternativa es terrestre, en un trayecto de 70 kilómetros de rutas de asfalto y de tierra desde Puerto Deseado", agregó Fueyo.

El recorrido comienza en Tellier, a 20 kilómetros de esta comuna de la costa norte santacruceña, donde se toma la segunda ruta, que en realidad es apenas un poco más que una huella en el desierto poblado de coirones y moas, los principales alimentos de las cada vez menos ovejas patagónicas, hasta llegar a la estancia Cerro el Paso.

La estancia, ahora en remodelación, permite a los visitantes hacer una pausa antes de llegar a los miradores y también disfrutar de la comida típica de esa zona, el cordero patagónico, en un salón de esquila que mantiene la fisonomía de los años 20, cuando esa actividad era rentable.

El subsecretario de Turismo de Puerto Deseado, Mario Cambi, señaló que existe un proyecto "para reacondicionar el casco original y brindar alojamiento y refuncionalizar espacios verdes y otros sectores de la estancia para atraer turistas".

"El emprendimiento tiene una parte de inversión privada y el apoyo de la Subsecretaría que se encarga de conseguir las habilitaciones y otras cuestiones administrativas que hacen al desarrollo del proyecto", afirmó Cambi. Las excursiones por agua ofrecen avistajes de fauna marina durante el primer trecho, mientras que en el paseo por tierra se ven aves de la estepa, especialmente rapaces y choiques, y mamíferos como guanacos, liebres y piches, además de la flora típica, donde predominan los marrones y amarillos opacos.

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