lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
La Matanza
19 | 11 | 2016
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Gonzalo alimenta a fuego lento su hambre de gol

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Luego de pasar por varios clubes en su adolescencia, mira con entusiasmo su sueño de jugar en Primera mientras trabaja alrededor de los hornos. “Soy zurdo con la bandeja o con los botines”, remarca.

Gonzalo alimenta a fuego lento su hambre de gol
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La ilusión es su bandera, el estandarte que no arrea pese a los vientos que soplaron en contra. Lo repite y una y otra vez: "Mi sueño es jugar en Primera", dice y no se da cuenta que parafrasea nada menos que al Diego. Desde su profesión de gastronómico, Gonzalo Cabral se imagina levantando los brazos, llenándose la boca de gol y haciendo delirar al monstruo de las mil cabezas que habita del otro lado del alambrado.

"Por todo el frente de ataque" 

"Soy delantero, zurdo y veloz, también puedo ir de volante por izquierda. Estoy por todo el frente de ataque, soy goleador pero también asisto. Tengo tantas ganas de jugar que voy a donde me pongan", revela Cabral. "La energía está enfocada de poder jugar", asegura Gonzalo, quien maneja la bandeja cargada con platos como si llevara la número cinco pegada a la zurda. Y desde su condición de delantero piensa en un gol. Cabral tiene 20 años, es de Isidro Casanova, jugó en infantiles en Ruta Club, Los Tigres, ambos de Casanova, Huracán de San Justo, San Lorenzo, Deportivo Riestra y hoy busca un lugar en el fútbol grande, porque es su vocación. "Hoy espero algunas chances que aparecieron para probarme, como Temperley, Banfield o para ir a Córdoba, con mi representante Walter Soria", afirma.

Para intentar abrirse camino corre con una ventaja que no muchos tienen: la familia. Es que su padre, Daniel, camina a su lado, pero cuenta con todo el amor y el apoyo de su madre, Silvia, y sus hermanas, Yamila y Cristal. 'Mi papá está siempre; él labura en un restaurante y muchas veces se ha venido conmigo sin dormir a los entrenamientos para acompañarme", cuenta el delantero matancero y define: "La prioridad, la meta, el sueño es llegar a primera. El esfuerzo tengo que ponerlo y sólo yo, mi familia y mi novia, Macarena Gareis, sabemos lo que cuesta".

La otra veta de Gonzalo Cabral lleva el rótulo de la gastronomía, el oficio familiar. "Mi papá trabaja en un restaurante, mis hermanas son camareras y mi mamá cocina. Ellas armaron empresa de eventos y trabajan juntas", explica y relata: "Mi papá me consiguió un trabajo de mozo, con lo que hacía changas los fines de semana en restaurant o eventos. Pero ahora sólo hago eventos'. Y enseguida marca la diferencia. "En un local de comidas es más complicado porque hay que tomar pedidos, cobrar, saber los códigos en cuanto a la elaboración de platos, ya que si un cliente pregunta uno debe saber de qué se trata. En cambio, en un evento es más estructurado, solo servís, y reponés bebida". 

Gonzalo es zurdo, lo cual en el fútbol suele ser una ventaja, pero en otros frentes no lo parece tanto. "Soy zurdo con la bandeja o con los botines. Soy zurdo pero la vida está hecha para los derechos. En todo se nos complica, para abrir una puerta, para cerrar la puerta, para servir un café", revela Gonzalo, que para el final insiste: "Jugar al fútbol es un sueño inconcluso, pero estoy en el intento de conseguirlo".


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