miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
21 | 11 | 2016
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Opinión | Teo: su partido, sus reglas

Nicolás Mirelman
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Por Nicolás Mirelman


Desde la lógica deportiva, cualquier analista podría calificar a Teófilo Gutiérrez como un irresponsable, egoísta y poco profesional. Desde su propia lógica, el colombiano jugó el partido perfecto en La Bombonera

Opinión | Teo: su partido, sus reglas
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No llegó a Rosario para romperla y ser campeón, como anunció después de poner la firma. Tampoco lo hizo para meter muchos goles ni para ganarse el amor de los Canallas. Teo sabía desde el primer día que su único fin en Central era tener la oportunidad demostrarle a la dirigencia de River que se había equivocado al no mostrar interés en repatriarlo.

En la revancha contra Cruzeiro, por los cuartos de final de la Libertadores 2015, Gutiérrez jugó su partido consagratorio. Los hinchas lo amaban y él volvió a darles la razón con un gol de crack, una asistencia y una actuación inolvidable en el Mineirao. En el camino de regreso, les comunicó al cuerpo técnico y a los dirigentes que su ciclo estaba terminado.

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Lo dejaron irse al Sporting Lisboa, disgustados por perder a una pieza clave del equipo en el receso previo a la semifinal, pero entendiendo que forzar su permanencia en Núñez podría ser perjudicial para el plantel en una instancia definitoria a la que él no pretendía asistir. Después de algunos tironeos contractuales con su nuevo club -que demoraron la firma de Tabaré Viudez por el cupo que debía liberar para la Copa-, Teo concretó su pase a Portugal.

No tardó demasiado en darse cuenta de que se había apresurado con su decisión. Quizás fue cuando vio a sus ex compañeros en Japón jugando contra el Barcelona de Messi o tal vez cuando entendió que en Europa nunca sería cobijado como en el Monumental. Entonces, declaraciones mediante, empezó con el operativo retorno.

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Una foto publicada por Teo Gutierrez (Oficial) (@teogutierrez_) el


Memorioso por el desplante que había sufrido en un momento bisagra, Rodolfo D'Onofrio le cerró las puertas al colombiano y, cuando se las abrieron en Arroyito, no dudó. Como el amante despechado que le enrostra a su ex pareja su felicidad actual, esperó la oportunidad para dejar en claro que él es el mejor representante posible del sentir riverplatense y se propuso jugar su partido como un hincha más.

Poco importaba que hasta este domingo no hubiera convertido ninguno de los goles que había prometido, porque el único que quería hacer desde el día que puso un pie en Rosario es el que hizo. Poco importó que lo hayan expulsado y haya dejado a su equipo con 10 jugadores, tirando por la borda la planificación de la semana, porque en su cabeza no jugaban 11 contra 11, sino uno contra 40 mil. Daba igual si Central ganaba, empataba o perdía.

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Cuando se dibujó la camiseta, también les dibujó una sonrisa a los Millonarios y ahí sí, el trabajo estaba hecho. De lo que vino después probablemente ni se acuerde, porque, ajeno a las prescindibles críticas moralizadoras y a los razonables cuestionamientos a su profesionalismo, en su propio diario él ya se había calificado con un 10.

Teófilo Gutiérrez se fue de La Bombonera festejando, agradeciendo al cielo y con una sonrisa, después de ver la tarjeta roja a los 20 minutos del primer tiempo. Coronó su tarde soñada con los gestos durante la caminata hacia el túnel, pero su objetivo ya estaba cumplido.

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