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Patricios - Pompeya
24 | 11 | 2016
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Siglos de historia de todo el país en Lo de Gustavo

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En su casona ubicada en Pompeya, Fattori tiene objetos como máquinas de coser, publicidades, teléfonos públicos, grabadores, radios, juguetes, tarros de leche y relojes que abarcan el período de 1779 a 1980.

Siglos de historia de todo el país en Lo de Gustavo
Foto:

Gustavo Fattori remodeló hace 15 años una vieja fábrica del barrio porteño de Pompeya para instalar allí un museo y hoy es "El Guardián de la historia". Allí, en Corrales 1862, resalta entre las casas bajas por su fachada pintada de fucsia y algunos objetos a modo de decoración como anticipo de lo que uno se encontrará al cruzar la puerta de ingreso al túnel del tiempo. ¿Quieren dar un paseo? Vengan, pasen...

Ahí está Gustavo, con su don de buena gente y sus ganas de trasmitir todo lo que conoce. "En el año 2001 me atrincheré acá en Pompeya, sabiendo que tenía la habilidad de la restauración. Y así nació el museo porteño Lo de Gustavo con espíritu de preservación. Busco que todo funcione. Así que si no anda, trato de repararlo. A todo le pongo el amor. Es un museo para todas las edades. En plena crisis estaba angustiado. Me aconsejaban que me deshiciera de los autos antiguos, pero me resistí y me vine a instalar aquí. El tiempo me dio la razón. Para mí esto no tiene un valor material, sino que el valor es histórico. A mí me interesa difundirlo. Hoy es una caricia al alma ser reconocido por el museo", cuenta.

¿Qué hay en el museo? La respuesta es: de todo. Pero él repasa algunos de los artículos que se destacan: "Hay una colección de autos y elementos de uso de la vida cotidiana, fundamentalmente entre 1779 y 1980. Este es un lugar con mucha historia. Acá hay perlitas, como un vehículo de paseo del año 1892. Está traído desde Entre Ríos. Desde chico tuve esa facilidad con las manos y trato de darle vida a todos los objetos que hay en el museo. También intenté juntar cosas del campo y de la ciudad. Acá hay legendarios sifones, las máquinas de coser Norita que usaban las niñas, una autobomba, hay máquinas de escribir, vitrolas, publicidades, teléfonos públicos, grabadores, radios, juguetes, tarros de leche, el surtidor de nafta Siam... de todo. Uno de los objetos más antiguos es un reloj de pared con engranajes de madera, que ya tiene 237 años". 

Y sigue: "Viajaba mucho al interior y mucha gente de todos los lugares me ha llamado para mandarme objetos. Hay objetos que he comprado y otros que la gente que no tiene espacio la trae y las deja porque sabe que aquí serán cuidados. El museo no es mío. No me considero el dueño. Es de todos. Por eso armé un bar de época para que la gente se pueda sentar a charlar y recordar. Además, al final de cada paseo hasta hago un mini show de stand up. A la gente le gusta. Apunto a que los más chiquitos continúen todo esto. Lo hice con el apoyo de la familia y muchas ausencias en casa. El museo llegó para quedarse".


Rareza


En un momento Gustavo, se abraza a un vehículo con una caja y aclara: "Este es el transporte del hoy llamado 'delivery', pero con tracción a sangre. Acá se repartía el pan". 

Y hay más: "Si levantás la vista y te podés encontrar con un auto colgado del techo. Pero si mirás para el costado tenés un Ford A 6 ventanas del 29 con doble puerta y asiento de pana. Adentro del auto tenemos sombreros de la época para que los visitantes se sientan como en la década del 20. Para mí es la posibilidad de explicarle en tiempo real a los jovencitos cómo era nuestra historia". Se entusiasma y hace sonar la bocina.

Por otra parte, Lo de Gustavo participa en "La noche de los museos" y fue declarado de interés municipal por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. "Orden, limpieza, colores y ninguna vitrina que te separe de los objetos son algunas de las claves para que la gente se vaya maravillada. Es que además, acá todos los objetos cobran vida", dice nuestro anfitrión. La visita terminó, pero no dan ganas de irse. Ahí advertimos que ya hace un rato largo que no miramos la pantalla de nuestro celular al que no extrañamos ni un poquito y comprendemos el valor del trabajo que hizo y hace con su museo Gustavo Fattori, un vecino pasional: el Guardián de la historia.

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