viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Política
24 | 11 | 2016
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El Papa es el líder de los que piden la emergencia social

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Una radiografía de las organizaciones sociales las muestra devotas del Papa y muy cercanas al kirchnerismo. La pelea a fondo con el gobierno y la fuerte apuesta por la emergencia social.

El Papa es el líder de los que piden la emergencia social
La ministra Stanley negoció toda la semana con las organizaciones sociales, que exigían la ley aprobada en el Senado.
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Fue sorprendente la reconversión del kirchnerismo, que pasó de parangonar a Jorge Bergoglio con el diablo, a endiosarlo como Papa. Porque hace exactamente una década, el entonces presidente Néstor Kirchner advertía que "el diablo también les llega a los que usan sotana", en una clara referencia al entonces obispo de Buenos Aires, aunque el embate había estado dirigido entonces hacia Guillermo Marcó, director de Prensa del Arzobispado porteño, que lo había acusado de "alentar odios y divisiones". Más adelante en el tiempo y luego de haber desairado año tras año a quien llegaron a considerar "jefe de la oposición", la entonces presidenta se enfureció cuando quien imaginaban próximo a su jubilación, fue consagrado Papa. Y en su primera declaración pública ni siquiera lo llamó por su nombre, ni aludió a su condición de argentino.

Pero ya se ha hablado con creces sobre el reseteo que finalmente Cristina Kirchner hizo respecto de su relación con Francisco, que terminó convirtiéndose en una referencia permanente no solo de la entonces presidenta, sino del kirchnerismo en su conjunto.

En ese contexto, las organizaciones sociales lo reivindican permanentemente y parafrasean sus dichos en cuanto discurso expresan. No fue casual que el 7 de agosto pasado decidieran marchar desde San Cayetano a Plaza de Mayo, en una multitudinaria movilización que al día de hoy reivindican como un punto de inflexión para su existencia. Suelen decir que hay un antes y un después de esa jornada, que los terminó identificando más aún con el Santo Padre.

¿Cuál es el punto de contacto entre esas organizaciones y el kirchnerismo? Que salvo excepciones, como la CCC, simpatizaron y en general siguen haciéndolo con el kirchnerismo, del que reivindican su "modelo", pero sobre todo tienen un adversario común: el gobierno de Mauricio Macri.

El kirchnerismo está fundamentalmente asentado en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), una organización gremial que se reivindica "independiente de todos los partidos políticos", y que como tal bien podría integrar el Frente Ciudadano que llamó a conformar Cristina Kirchner.

No obstante, si bien esas agrupaciones no tienen vinculaciones partidarias, sus miembros sí la tienen de manera independiente. En general están vinculados al peronismo y como norma no reniegan del kirchnerismo, muy por el contrario. Lejos de cuestionar a la ex presidenta, toman sí distancia de ella en la convicción de que los objetivos de unos y otros son en esta coyuntura distintos. De hecho, toman como mandato la obligación de evitar quedar estigmatizados con ella.

"Hoy por hoy no coinciden nuestras estrategias con las de ella, y mucho menos sus tiempos", aclara un dirigente de este sector.

Conforme la ven alejada del partido, ellos quieren insertarse en el PJ para cuando la renovación alumbre nuevos liderazgos y puedan acercarse otra vez al poder.

Admiten que durante 12 años "nuestra principal herramienta fue el Estado; ahora es la calle". Pero siguen necesitando los recursos del Estado. Por eso apuestan a presionar a este gobierno, y no les ha ido mal así. Cuentan que la administración macrista es más permeable a sus demandas, pero lejos de un reconocimiento sugieren que a las autoridades no les queda otra salida que la de "poner guita, porque si no les estalla el país".

Reconocen que con esta administración cambiaron las formas, y se sorprenden porque "no nos piden nada a cambio". Están recibiendo más dinero que el que tuvieron en la década anterior, pero aclaran que las urgencias hoy son mayores. Sin dudarlo afirman que la situación es "mucho más grave", si bien reconocen que la pobreza era alta en la década anterior, muy superior al 5% que reivindicó alguna vez Cristina en la FAO. Con una sonrisa pícara admiten que la ex presidenta le dio la personería jurídica a la CTEP recién el 6 de diciembre pasado; cuatro días antes de dejar el poder: otro presente griego para el sucesor.

Lo que sucede con las organizaciones sociales se replica con el resto de la dirigencia del Frente para la Victoria en disolución. Sin condenas públicas hacia Cristina, en general esos dirigentes terminan reconociéndose "kirchneristas de Néstor", tal la novedosa definición que los pone supuestamente a resguardo del derrumbe. De esos ejemplos está lleno el bloque Justicialista, el Movimiento Evita, y hasta los hay en el Frente Renovador.

En ese contexto la emergencia social surgió como una herramienta ambiciosa para fines diversos. El original, que es el que consagra una iniciativa que admiten demasiado amplia, aunque se niegan a reconocer como impracticable; o bien el alternativo, capaz de constituirse en un elemento de demolición contra esta administración. En el camino hay puntos intermedios, pero conforme se fueron embalando pusieron toda la carne en el asador para apostar a un pleno.

El camino decidido tuvo como hito clave el acuerdo alcanzado con Miguel Pichetto, llave de todas las leyes en el Senado, para apoyar el proyecto cuando fuera presentado. Se decidió hacerlo a través de esa Cámara, pues ahí es por donde pueden prosperar las iniciativas más resistidas por el gobierno, que lo máximo que puede llegar a hacer es demorar su remisión a Diputados una vez que han recibido media sanción. El operativo de pinzas actuó el 26 de octubre pasado, cuando las principales figuras de la oposición expresaron su compromiso en Diputados para apoyar el proyecto una vez llegara del Senado.

Cuando Cambiemos le prestó atención ya era tarde, pero igual poco hubiera podido hacer con tiempo. Al menos tuvo a su favor que la media sanción del Senado saliera sobre la fecha del cierre de los dictámenes, lo que alguno podría interpretar como un guiño de Pichetto hacia el gobierno.

Si bien el oficialismo podría haber frenado el proyecto en Diputados, sonaron alarmas en el gobierno cuando las organizaciones sociales se le plantaron a la ministra Carolina Stanley en la mesa de diálogo reclamando, además del bono y aumentos, esa ley. Sobre todo esa ley. Si algo no podía permitir el gobierno era que se aprobara y tener que vetarla en diciembre. Sería encender la mecha, cosa que más de un opositor vería con agrado. Pensaba patearla para 2017, a la espera de que una reactivación cada vez más distante compense los efectos del veto que tarde o temprano el Presidente imaginaba tener que firmar.Hubiera sido juntar presión para una bomba que terminaría estallando.


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Juan Grabois, un abogado peronista que es asesor del Consejo de la Justicia y la Paz del Vaticano, el hombre más cercano al Papa Francisco hoy en la Argentina -y miembro a su vez de la CTEP-, aseguró el lunes que el Santo Padre no está detrás del proyecto de emergencia social. Vino a cuento de que muchos le adjudican a Francisco la autoría de esa iniciativa, que de todas maneras está claro que no merecería ningún reproche del Pontífice.

La emergencia social es una ley que no tiene nada de positivo para el gobierno. Así la termine avalando, jamás podría reivindicarla como propia, tal cual en su momento hizo Cristina con la AUH, un proyecto original de la oposición. Acrecentaría fuertemente el déficit, perjudicando la lucha contra la inflación. Y a los ojos del gobierno, sería una muy mala señal para las inversiones, que de todas modos siguen sin llegar.

El jefe del interbloque Cambiemos en Diputados, Mario Negri, dijo ver al kirchnerismo detrás de esta movida, con el objetivo de "poner dinamita en la crisis que el gobierno quiere dejar atrás". Por eso se decidió desactivar la bomba. Carolina Stanley se ocupó de esa tarea en las reuniones que mantuvo esta semana con las organizaciones sociales y finalmente se acordó avanzar con el proyecto, pero modificando sus partes más controvertidas. Harán una nueva ley en Diputados y el Senado deberá convalidarlo, todo en diciembre. Cuando uno no quiere, dos no pelean, dice el dicho que suscribió esta vez, nuevamente, el gobierno.

Detrás de esta movida subyace la carrera electoral ya desatada. Y en ella, se sabe que el gobierno quiere al kirchnerismo compitiendo. Pero estos a su vez -los kirchneristas de Néstor, no los cristinistas- no tienen un candidato claro. "El gran jugador es el Papa Francisco. El nos muestra el camino. El habla de la unidad y reivindica a los trabajadores como los que pueden cambiarlo todo", señala un dirigente de la CTEP que reconoce como objetivo de mínima, para 2017, desgastar al gobierno. Reivindican como propuesta de campaña una consigna que le atribuyen al Papa: las tres "T", Tierra, Techo y Trabajo. Pero terminan reconociendo un pequeño detalle: Francisco no puede ser candidato.

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