jueves 8.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
30 | 11 | 2016
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Dos canchas, dos países: histórico homenaje a Chapecoense

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Miles de brasileños y colombianos se reunieron en Chapecó y en Medellín para recordar a las 71 víctimas de la tragedia aérea. Fue en simultáneo, a la hora en que debía comenzar la primera final de la Copa Sudamericana entre ambos clubes.

Dos canchas, dos países: histórico homenaje a Chapecoense
Foto:

Bajo la consigna "El fútbol no tiene fronteras", una multitud que desbordó literalmente el estadio Atanasio Girardot de Medellín homenajeó a Chapecoense y demás víctimas de la tragedia aérea ocurrida el pasado lunes cerca a esta ciudad colombiana.
 
El estadio, que debía albergar la primera final de la Copa Sudamericana entre Atlético Nacional y  Chapecoense, se convirtió a la hora indicada para el comienzo del partido en un templo en el que colombianos y brasileños fundieron sus voces para recordar a los 71 fallecidos en el siniestro y a los seis supervivientes.

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"Campeones son todos los que perdieron la vida, nunca los olvidaremos", rezaba una de las pancartas exhibidas entre la multitud que abarrotó el Atanasio Girardot, en su mayoría vestidas de blanco y con muchas banderas de Colombia y de Brasil.
 
En el exterior del estadio otra multitud que no consiguió ingresar porque no había más lugares, encendía velas y depositaba flores en la acera en homenaje a los 19 jugadores del Chapecoense, los 25 miembros del cuerpo técnico, directivos e invitados, los 20 periodistas y los siete miembros de la tripulación del avión Avro RJ85, de la compañía boliviana Lamia que murieron en la tragedia.
Las otras seis personas, del total de 77 que llevaba el aparato, fueron rescatadas con vida y permanecen ingresadas en distintos hospitales de Medellín y sus alrededores.


ASI FUE LA TRANSMISIÓN DESDE ESTADIO DE ATLÉTICO NACIONAL:
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Uno de los momentos más conmovedores de la noche en Medellín se produjo cuando un toque de corneta marcó el minuto de silencio en memoria del "eterno Chapecoense" que llevó a las lágrimas a muchos.

Los jugadores del club colombiano ingresaron en el campo con un uniforme negro y llevando cada uno un manojo de flores. Acto seguido, la banda militar interpretó una marcha fúnebre mientras el alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia depositaban coronas de flores en el centro del campo.

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En Chapecó, tras dos días en la oscuridad, la ciudad se desahogó como se sacan las penas en un campo de fútbol, con tambores, banderas y cantos de aliento a un equipo que ya no está, pero que nunca se irá del Arena Condá.

Las mismas tribunas que rebosaban hace una semana, cuando el Chapecoense vivió la noche más importante de su historia, volvieron a llenarse como si la hinchada de este club al que le robaron la vida las montañas de Medellín quisiera desafiar a la tragedia. Volaban los jóvenes de la barra, cantando los himnos de sus guerreros más fuerte que nunca, mientras la ciudad vestía de verde y blanco un Arena Condá rabioso con su suerte, que prepara un velorio colectivo que el viernes espera reunir a 100.000 personas.

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Y como en las grandes noches continentales del Verdao, las de los cuatro penales atajados al laureado Independiente, la goleada a Junior y la gesta ante San Lorenzo, a las 21:45 hora local se aplaudió a rabiar la alineación en la pantalla gigante.

Pero esta vez no era una presentación, sino una despedida. La de los sonrientes futbolistas vestidos de verde que aparecían uno por uno en la pantalla. La de los directivos y empleados que ayudaron a reconstruir el club y viajaban con ellos, y a los periodistas que le contaron a Brasil la historia de la Cenicienta sudamericana. Tras verlos de nuevo a todos, el Arena Condá explotó en el grito de "¡Campeones, campeones!".

Nadie ocupará ya ese vacío.



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