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Historias de vida
04 | 12 | 2016
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Para Gabriel, el amor por el Candombero no tiene feriados

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Desde que a los 11 años fue con un amigo y el padre a la isla Maciel, Gabriel Migliore se hizo hincha incondicional de San Telmo, club del que es dirigente desde hace muchos años, y al que sigue sin faltar un solo partido.

Para Gabriel, el amor por el Candombero no tiene feriados
Foto: Walter Papasodaro

La historia de Gabriel Migliore podría asimilarse a la de muchos apasionados hinchas de algún club del ascenso. Pero en su caso, hay ciertas particularidades que lo distinguen de sus "colegas" de fanatismo, entre ellas, que desde hace once años tiene asistencia perfecta a los partidos de su equipo, San Telmo, del cual además es dirigente desde que se enamoró de los colores azul y celeste cuando el padre de uno de sus mejores amigos lo llevó a ver al que sería de ahí en más el club de sus desvelos.

Gabriel, que actualmente es vocal de la comisión directiva del club que milita en la B Metro y que tiene su estadio en la Isla Maciel, y su sede y principales actividades deportivas en pleno barrio de San Telmo, cuenta en charla con Diario Popular que "llevo 458 partidos seguidos viendo al club, de local y de visitante, aunque por mis tareas como dirigente fueron muchos más desde que lo ví por primera vez, a mediados de los años 70'".

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Migliore, que paradójicamente vivió toda su vida en el barrio de Flores, y que a los 11 años tenía una leve simpatía por Racing por influencia de uno de sus abuelos, relata que "el papá de uno de mis mejores amigos, Gabriel Hadad, Salvador Habib Hadad, era vocal de la comisión directiva, y un día juntó a varios chicos en el coche, y nos llevó a la isla Maciel. A partir de allí me encariñé con el club y fui a verlo cuando podía".

Cuenta que "no sólo fue Hadad quien me llevaba, porque una tarde, al salir de la cancha de Defensores de Cambaceres, en Ensenada, le pedí a un señor que volvía en coche que me trajera. Ese señor resultó ser Carlos Ríos, era el vicepresidente, y a partir de ahí empezó a buscarme él, y se transformó casi en mi papá, y con quien establecí una relación muy especial". El acercamiento y la frecuencia con la que Gabriel iba al club decantó en que años después se convertiría en dirigente de la entidad, pasando por todas las funciones imaginables.

Cuenta que "en 1992 el club estaba en crisis, hacía varios años que jugaba en la Primera C, la comisión se desarmó, no había quien tomara la batuta, y con Carlos Ríos, que había sido dirigente fuimos a hablar con un concejal del barrio, Carlos Sandá, y le contamos que sobre el club había un pedido de quiebra y de la sede por el juicio de un ex jugador. En esos años San Telmo ni podía usar la cancha de local. Pero de a poco, y con la ayuda de gente del barrio, se fue recuperando y se salvó de la quiebra".

Y no duda en elogiar el papel que en esta ocasión le cupo a Julio Grondona, quien aceptó que la AFA pusiera una parte del dinero que faltaba para que el club levantara la deuda.

A lo largo de los últimos 25 años, Gabriel Migliore fue tesorero y secretario del club, hasta que en los últimos años pasó a ser vocal de la comisión. Explica que "es hermoso estar en el club, pero también es cierto que a uno le lleva la vida, y por eso necesitaba hacer algo que me llevara menos tiempo, pero que me mantenga unido".

Amplia que "en un club chico uno hace de todo: lleva papeles, lo administrativo, vas con el equipo, con las inferiores, te ocupás de los contratos, falta algo y hay que salir a conseguirlo, no es como en los grandes".

Entre las alegrías que tiene grabadas Gabriel, recuerda un partido en Junín. "Era la temporada 2001-02, hicimos una buena campaña. Sarmiento nos estaba pegando un baile bárbaro, perdíamos 2 a 0, pero en el segundo tiempo algo pasó, ellos se frenaron, y se lo dimos vuelta 4 a 2, con tres goles de un delantero que salió del banco, que era Bedrossian. Fue increíble".

Amor y pasión por los colores del club

Más allá de su intensa actividad en el club, Gabriel Migliore asegura que "no vivo del club, al contrario, yo y muchos hemos puesto dinero para salvar gastos" y comenta que "yo siempre trabajé como contador, luego de la colimba, a principios del 84, ingresé a la empresa David Ratto, la misma que hizo la campaña por la elección de Alfonsín, y me quedé ahí 17 años, hasta que la firma cerró, y con un par de compañeros de trabajo armamos un estudio contable, que hoy es mi actividad principal".

Asegura que "para algunos es un hobby estar en un club, pero no es tan así, hay que poner plata cuando algo se necesita, y el tiempo que te insume es fundamental, uno aprende a decir que no a muchas cosas: cumpleaños, festejos, salidas, amigos. Pero lo hago con amor, porque es mi pasión" y rescata cosas como "la tribuna que se inauguró el año pasado, o los amigos que me dio esta pasión, entre ellos el mencionado Carlos Ríos, y algunos ex jugadores, como Gustavo Pontelli, o César Leguizamón Arce, de cuyo hijo soy el padrino".

En las inferiores de San Telmo jugó un personaje notorio: Marcelo TinelliGabriel no lo trató y dice que "yo no estaba aún, fue a comienzos de los 70, él fue campeón de cuarta categoría, pero nunca se acercó al club, más allá de alguna mención".

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El ascenso a Primera, un recuerdo imborrable

Sin dudas, para un hincha que se precie, los recuerdos más fuertes están en las grandes alegrías y también en las grandes tristezas. Pero entre las primeras se encuentra lo ocurrido una tarde calurosa de diciembre de 1975. Ese día jugaba San Telmo con Platense en el estadio de Huracán y si ganaba, ascendía a primera división.

Con notable precisión Gabriel recuerda que "era un 20 de diciembre, y ese día hubo un intento de golpe al gobierno por parte del brigadier Cappellini. Esa tarde fuimos a la cancha con mi viejo y mi tío, que eran de River y de Platense, y lo vimos desde la platea. Habíamos llevado muchos hinchas, que tuvieron su premio, ya que Telmo ganó 2 a 0 y logró el soñado ascenso. Yo tenía 12 años y no lo olvido más".

Este sueño significó que Gabriel siguiera al equipo en primera, y de esa temporada rescata un puñado de partidos increíbles: "en mayo del 76 estuvimos a punto de ganarle al mejor Huracán, pero al árbitro Claudio Busca se le ocurrió echarnos a seis jugadores, por distintas incidencias, y así, en los últimos minutos, el Globo nos ganó 2 a 1. Poco después el Candombero lograría un recordado triunfo ante Boca, por 3 a 1, en cancha también del Globo, donde hacía de local. Gabriel también estuvo en los dos partidos con River. "Nos ganaron por goleada los dos, pero fue hermoso ver a Telmo en el Monumental" y detalla que "por desgracia nos fuimos al descenso, pero peleando hasta la última fecha con Racing y Banfield".

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