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Política
04 | 12 | 2016
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Preocupa a propios y extraños el elevado déficit fiscal

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Se escuchan reproches cada vez más reiterados en torno a la manera cómo ha negociado a lo largo del año el gobierno. Muchos cuestionan que se haya cedido a tantas presiones y la consecuencia es un déficit fiscal peligroso.

Preocupa a propios y extraños el elevado déficit fiscal
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Próximo a cumplir el primer año en la gestión, en el gobierno recuerdan casi con melancolía cuando muy convencidos hablaban del "segundo semestre", o aun cuando la vicepresidente se mostraba más cautelosa presagiando "una luz al final del túnel". Hoy ya nadie se anima a anticipar fechas para la llegada de los buenos tiempos, y ya ni se cuidan de aparentar optimismo. Por el contrario, reconocen su perplejidad ante la profundidad de la crisis, y las señales de optimismo quedan reservadas sólo para el Presidente, el jefe de Gabinete y el ministro de Hacienda. Hay incluso ministros que se exceden en la sinceridad, como el de Producción, Francisco "Pancho" Cabrera, que admiten que es 'un misterio' cuándo arrancará la economía.

Tras haber tirado la toalla en materia de futurología, los funcionarios parecen abocarse ahora a una tarea más productiva, como es buscar las razones que nos mantienen en el atolladero. Y todos los caminos parecen conducir al enorme déficit fiscal. En eso coinciden los optimistas más esperanzados y los pesimistas más cerrados; propios y extraños concluyen que ésa es la razón de fondo de los problemas, y debería ser la llave de la solución.

Pero ese déficit no fue descubierto ahora. Ya antes de llegar al poder el macrismo tenía un cálculo del rojo de las cuentas que encontraría y anticipó la decisión de convivir con el déficit por un buen tiempo, aunque prometió ir reduciéndolo. La gradualidad bien entendida empezaría por ahí. ¿Qué cambió entonces?

El mundo, en primer lugar. Contra todos los pronósticos ganó Donald Trump, y eso presagia cambios globales, que involucrarán especialmente a los países emergentes. El clima de negocios se alteró y las perspectivas de financiamiento hoy no son las mismas que hace un mes. No es además el único contratiempo de un mundo imprevisible, que amenaza desatar un fuerte viento de frente. Fuera del Brexit, primera gran y negativa sorpresa para el mundo en general que no nos es ajena, Brasil es un gran contrapeso para nuestro país: sigue postergando su vuelta a la senda del crecimiento y eso no deja de repercutir significativamente en estas tierras. Cuando los indicadores industriales muestran índices negativos, hay que atribuir buena parte de esa responsabilidad a nuestros principales socios.

Es una buena señal que el gobierno haya reparado en el peso del déficit fiscal, pero los funcionarios no dejan de reconocer que de momento no hay manera de revertirlo. Por el contrario, los voceros oficiales advierten que el mantenimiento de ese rojo es el precio que deben pagar para mantener la paz social. Extraña paradoja la de un gobierno cuyos enemigos lo acusan de ajustador, y es precisamente la falta de un ajuste lo que lo ha puesto en esta situación adversa.

En ese contexto es que acaba de conocerse que el gobierno ha frenado la obra pública que tanto demoró en poner en marcha. El motivo es la intención de maquillar un poco el cierre del año fiscal y evitar traspasar los límites ya altos del rojo citado. Ese dato compensará cifras del déficit, pero afectará los indicadores que mes a mes siguen hundiéndose. Toda la carne en el asador se pondrá el año entrante, este último mes de 2016 ya está jugado, es la justificación que se escucha en los pasillos del poder.

Ya debió gastar lo imprevisto para este fin de año al otorgar bonos navideños para garantizar la paz gremial; pero también redobló recursos en materia social, para atender a los beneficiarios de planes. Y terminó pactando finalmente con las organizaciones una emergencia social que según los cálculos consignados en la ley que se aprobará este martes rondará los 25.000 millones de pesos para los próximos tres años.

Con ello compró tranquilidad para este fin de año. De buen diálogo con el gobierno -aunque nunca el oficialismo podrá contarlo como alguien propio-, Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita, fue muy gráfico esta semana al decir que con esta "lluvia de recursos" están "cubiertas las fiestas". Lo cual lleva tranquilidad al gobierno en particular, aunque es consciente del costo fiscal elevado. Sin embargo, en dos días consecutivos de esta última semana hubo señales de que la paz social es difícil de garantizar por completo. El miércoles generaron un gran caos en la ciudad militantes de Miles, la agrupación de Luis D'Elía, y la Túpac Amaru de la detenida Milagro Sala; y el jueves hicieron lo propio los del Polo Obrero -organización piquetera del PO-, que cortaron más de tres horas la 9 de Julio para manifestarse contra "el feroz ajuste del gobierno" y, créase o no, "la ley de emergencia social"... En efecto, unos y otros no están incluidos en el pacto acordado con las organizaciones sociales que bregaban por la emergencia social, lo que abre interrogantes de cara al futuro.

En rigor, el dictamen del proyecto en Diputados no contó con la anuencia del Partido Obrero, que manifestó su desacuerdo con la ley 'porque establece una cláusula de paz social hasta el 2019', ni tampoco tuvo las firmas del Frente para la Victoria, que de todas maneras anticipó que votará a favor, como terminó haciendo en el Senado con la propuesta original. "Tenemos observaciones al proyecto", explicó Héctor Recalde, que considera la ley apenas "un paliativo ante una situación social muy grave producto de las políticas de este gobierno". Con el argumento de "no dar tregua" y "cuanto peor, mejor", parece explicarse la postura del kirchnerismo contraria a la ley de Emergencia Social que pareció graficar el periodista Gustavo Sylvestre cuando en la semana cruzó ásperamente al dirigente Fernando 'Chino' Navarro, al que reprochó el arreglo: "Hay como una sensación de sabor a poco y de que transaron algo con el gobierno para que no haya movilizaciones en diciembre", le espetó.

De cumplirse entonces el pacto, el gobierno debería haberse garantizado paz social en realidad hasta el final de esta gestión. En palabras de Elisa Carrió, el déficit fiscal no debe preocupar si es para lograr gobernabilidad. Para la diputada de la CC/ARI, "diciembre es la última oportunidad que tienen los gurkas reaccionarios para voltear al gobierno, que hace lo correcto para obtener gobernabilidad".

Pero ese déficit sí preocupa, como dijimos, y no sólo a los propios. Sobre todo los ajenos. Un importante economista, que de haber ganado Daniel Scioli hubiera ocupado seguramente un alto cargo en el manejo de la economía de esa administración, señaló esta semana a este medio que "en materia económica el gobierno tienen buenas ideas". Pero el problema es lo político. Un concepto que se contrapone con lo que viene diciéndose respecto de que la economía anda mal, pero en materia política el gobierno ha hecho bien las cosas, a pesar de su inferioridad numérica en el Congreso. El economista -que hasta hace poco tenía un buen diagnóstico para el próximo año- cuestionó del gobierno su tendencia a "ceder" frente a las presiones. "Le ha dado plata a todos los que le han pedido", alertó, señalando sus dudas respecto de tamaño financiamiento.

No es el único que piensa así. Otras voces se sumaron los últimos días para advertir que todas las concesiones de los gobernadores han sido a cambio de recursos, y no son pocos los que le reprochan al gobierno nacional "pagar al contado y cobrar en cuotas". Lo que pasó con la reforma electoral debiera ser un punto de inflexión, sugieren oficialistas como el jefe de Cambiemos en la Cámara baja, Mario Negri, quien definió esa actitud de los mandatarios peronistas como 'una puñalada trapera al gobierno'.

En ese contexto se llega al debate por Ganancias de este martes, que tiene final abierto. Hay cuatro dictámenes y el primero en tratarse será el del oficialismo, que buscaba este fin de semana reunir algo más de una veintena de votos para asegurar su aprobación, e insólitamente tentaba al kirchnerismo, sugiriendo que el mínimo no imponible sugerido por ambos dictámenes no diferían tanto. Difícil verlos votar juntos.

Pero los discursos parecen confundirse este fin de año: el fin de semana se lo pudo escuchar al massista Marco Lavagna sugiriendo apostar al consumo, como la mejor salida a la crisis. El kirchnerismo encantado.

Si ningún sector consigue los votos suficientes, fracasará la sesión y el tema podría quedar para 2017, que era el deseo original de un gobierno que atento a todo lo que hemos dicho busca ahora priorizar el embarazoso problema del déficit fiscal. 

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