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Historias de vida
11 | 12 | 2016
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Un decano del periodismo que hizo caso a su vocación

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Verdadera cantera de anécdotas y vivencias en una profesión a la que eligió hace casi 70 años, Carlos Imaz es un decano del periodismo argentino, que transitó por los más diversos medios y cumplió una larga tarea en prensa del PAMI.

Un decano del periodismo que hizo caso a su vocación
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Desde su adolescencia. Carlos Imaz supo que no quería para su vida ninguna tarea ni carrera de las convencionales. No le gustaban las elecciones más tradicionales, y por eso, en su familia fue un poco la "oveja negra", ya que su padre era contador, profesión que también siguió su hermano.

Y así fue que este inconformista de alma, nacido en Almagro, pero que desde mediados de la década del 50 vive en pleno Caballito, en el particular edificio que fue de la cooperativa El Hogar Obrero, se jugó todas las fichas al periodismo, oficio que abrazó apenas veinteañero y en el que sigue con una gran fidelidad a poco de haber cumplido sus vitales 90 años.

Lo que para algunos podría ser definido como un "todoterreno", para Imaz fue signo de una especial idoneidad para desempeñarse en muy distintas tareas pero con la permanente premisa de reflejar la actualidad sin desligarla del aspecto humano.

Carlos nos cuenta que "durante largos años, desde joven, transité por muy distintas redacciones, desde el diario católico El Pueblo, que era por suscripción y donde hacía deportes hasta "La Epoca", que dirigía el político radical Eduardo Colom, y el diario "La Argentina", que lo promocionaban los canillitas cantando "Prensa, Nación, Argentina, gritan los pibes desde la esquina" y asegura que "fue un diario que le hizo sombra a los grandes en los años '40.

Aunque no tenía una militancia, Imaz por aquellos años estaba más cercano al radicalismo, ya que era un partido que en el ámbito mundial se definía más claramente a favor de los aliados y no del Eje, y por eso durante un tiempo fue jefe de prensa de la Casa Radical.

Ya a mediados de los '50, Imaz fue director de "Mundo Argentino", una revista de actualidad de la época, donde estuvo 10 años, y luego trabajó en el recordado diario El Mundo, que cerró en 1962.

Sobre Mundo Argentino, Imaz detalla que "era una revista que se leía mucho en las peluquerías, porque era de interés general, y estando allí le propuse al director cubrir el caso del Mono Gatica, que en su decadencia había caído tras las ruedas de un colectivo, en Avellaneda, al salir de la cancha de Independiente, donde vendía muñequitos. Gatica estaba destruido por las lesiones en su cabeza y por la bebida, al final el director no quiso cubrir la nota, porque según él, no era el estilo. Al final Gatica falleció a los dos días".

Imaz comenta que "fue la época donde se fue imponiendo el sensacionalismo y los policiales en los medios gráficos, allí surge Crónica y los medios de Héctor Ricardo García, que impusieron un estilo. El sí aprovechó la noticia".

A partir de los años '70, para Imaz comienza otra etapa, ya que ingresa al área de prensa del PAMI, institución que había fundado el entonces ministro de Bienestar Social Francisco Manrique, en la que permaneció hasta hace pocos años, cuando se jubiló. Sobre sus primeras experiencias en la entidad, Imaz editó un libro que se llamó "Los Primeros días del PAMI". 

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Y también tuvo su momento de acercamiento a la política, como candidato a diputado por el Partido Blanco de los Jubilados en 1989, donde obtuvo un honroso cuarto puesto, detrás de De la Rúa, Eduardo Vacca y María Julia Alsogaray y a senador por Jubilados en Acción, en 2003. Pero nunca olvida sus raíces, y sus largos años cubriendo notas de automovilismo, boxeo (cubrió la famosa final Gatica-Prada en los '50), hípicas, temas sociales y políticos y hasta difusión de eventos científicos, y la organización de congresos sobre la Tercera Edad, desde 1976.

300 pesos y un puesto de vigilante

De entre las numerosas anécdotas atesoradas en sus largos años de periodismo, Imaz recuerda de aquellos años una muy especial: “cuando cerró “El Diario”, a fines del ‘40, me llama el dueño de “Crónica” de Rosario, y me convoca en el cabaret La Marina. Me ofrece 300 pesos de sueldo y un puesto de vigilante, porque la policía ofrecía al medio seis sueldos, como un adicional, como una forma de ayudar a que los medios hablaran bien de ellos. El caso es que en total yo habría reunido 400 pesos, pero como era menos de lo que podía reunir en Capital, me volví porque la oferta no me cerraba”.

En otra ocasión, durante una conferencia de prensa en el hotel Alvear, a mediados de los ‘50, relata que “vino el dictador de Indonesia, Sukarno, que había luchado contra la dominación holandesa por la independencia y era famoso por su mano dura. Yo me hago el agudo y le pregunto cómo andaban de democracia en Indonesia, y me responde: ‘la democracia en mi país es una taza más o menos de arroz’. Ahí entendí que hay dos economías, la de los economistas y la de la gente que no desayunó”.


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El PAMI y una enriquecedora experiencia

Al comenzar la década del ‘70, el entonces ministro de Bienestar Social de la Nación, Francisco Manrique, quien luego fue fundador del Partido Federal, creó el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP). Imaz cuenta que “un tío mío, muy amigo de Manrique, me llama para ofrecerme un trabajo de prensa en el flamante PAMI, el programa que se inicia en 1971”.

Me presentó a Pedro Urrutia, el presidente del directorio, y yo, que estaba en un período donde sobrevivía con changas y colaboraciones, le pregunto quién era el jefe de prensa. Me contesta: “fulano”, y le digo que no lo conozco, y redoblando la apuesta le contesto: “o soy el jefe o no entro”. Y salí de la reunión como jefe de prensa e información”.

Imaz cuenta, casi con humor, que “estuve muchos años en el PAMI, pese a que por distintos motivos, me echaron tres veces, y luego me reincorporaron, en diferentes gobiernos”. Destaca que en su libro “Los primeros días del PAMI” condensa las experiencias de aquellos años y la lucha por un organismo que lo ayudó a tomar conciencia de los problemas que aquejan a los adultos mayores, y a entrar en contacto con una realidad diferente”

Esta tarea no le impidió seguir haciendo periodismo y colaborar en medios como “La Voz de la Tercera Edad”, “Reunión de Administradores” o dedicarse a organizar la prensa de simposios y eventos científicos, y desde 1976 participar activamente en Congresos nacionales e internacionales de Gerontología y Geriatría y de la Tercera Edad.


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