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Fútbol
12 | 12 | 2016
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Análisis | ¿Qué hiciste, Gallardo?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


D'Alessandro era el mejor jugador de River frente a Boca. Y el Muñeco Gallardo lo sacó a media hora del cierre del partido reemplazándolo por Rossi. El error del entrenador fue flagrante, aunque no lo haya reconocido montado en su fastidio y soberbia. ¿Por qué los técnicos se equivocan groseramente en su lectura de juego? ¿Qué ven?

Análisis | ¿Qué hiciste, Gallardo?
Foto: Martín Di Maggio / Diario Popular
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En una charla informal, hace unos años ese buen entrenador y mejor tipo que es José Yudica nos dijo casi como al pasar algo que recordamos: "¿Sabe cuándo reconozco a los técnicos que se equivocan y que en algún momento hacen las cosas mal? En muchas oportunidades cuando hacen los cambios. A veces, pero no pocas veces, los técnicos reemplazan al mejor jugador de un equipo. Es increíble, pero es cierto. Y no porque ese jugador pidió el cambio o estaba lesionado. Eso se justifica. Yo hablo de los técnicos que miran mal un partido. Se equivocan en definitiva, como seguramente nos hemos equivocados todos. Y lo termina pagando el equipo. Esto es lo más feo".

Aquellas palabras del Piojo Yudica que reproducimos cobraron gran actualidad cuando Marcelo Gallardo a los 14 minutos del segundo tiempo con River ganando 2-1 y en la inminencia de convertirle el tercer gol a Boca, hizo lo que las circunstancias indicaban que no debía hacer: sacó a D'Alessandro, el mejor jugador de River en el partido, para que ingresara un volante de corte e interrupción como Ivan Rossi, que en realidad no cortó nada ni pesó en el desarrollo.

En ese cambio muy difícil de entender o directamente inexplicable, River, a partir de una decisión errónea de su técnico, quien luego en rueda de prensa sobreactuó de incomprendido, le sacó a Boca una preocupación que la venía padeciendo durante los 59 minutos que D'Alessandro jugó.

Sostener o afirmar que River perdió frente a Boca 4-2 porque Gallardo bajó a D'Alessandro es una simplificación inaceptable. Pero que River se condicionó en gran medida con la salida de D'Alessandro fue una realidad imposible de ocultar. Aunque Gallardo, al igual que Guillermo Barros Schelotto, siempre susceptibles y fastidiosos cuando su equipos pierden, haya intentado ocultarlo.

¿Qué motiva a los entrenadores a sacar del equipo a los jugadores que vienen rindiendo en un muy buen nivel? La pregunta o el interrogante es complejísima de responder. Pero hay un elemento central que no puede desatenderse: hacen malos diagnósticos. Y el instinto de conservación (en este caso Gallardo reemplazó a un volante de circulación y ataque como D'Alessandro por un volante metedor como Rossi, sin ritmo de juego por sus pocos minutos en la Primera de River) que no es otra cosa que especulación más o menos disfrazada, hace su aporte. Un aporte negativo, por encima de las justificaciones que después puedan esgrimirse para transferir responsabilidades que no son ajenas. Son propias.


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Gallardo pensó a futuro en pleno partido ante Boca y cuando todavía restaba más de media hora para decretar el final. Pensó en el cruce frente a Rosario Central del próximo jueves por la final de la Copa Argentina, que al vencedor le da una plaza para la Copa Libertadores 2017. Y se apuró.

Esta interpretación fallida de Gallardo por supuesto no invalida sus capacidades como técnico a pesar de que está transitando por sus primeras experiencias, pero negar el error evidente no lo va a conducir a un escenario de plenitudes. ¿No hubiera sido mejor que Gallardo declarara que se equivocó? ¿O no se equivocan nunca los entrenadores y siempre se equivocan los jugadores y los árbitros?

Gallardo, como tantos otros técnicos  de su generación, revelan en varios episodios que suelen cultivar una soberbia que, precisamente, no los enaltece. Por el contrario: los debilita. Y los expone. La soberbia, entre otras debilidades, no contempla la duda. La expulsa. Y la duda es una compañera indispensable del conocimiento. En este plano, la duda futbolística, que siempre se plantea la posibilidad de seleccionar o elegir bien o mal.

Esta vez la pifió Marcelo Gallardo. Simplemente eso. Y le hizo un favor, no deseado, a Boca. Después, el 4-2 es otra historia.   

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