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Boxeo
12 | 12 | 2016
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El día menos pensado

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


En un composé fatídico, y a tono con el boxeo argentino actual, Jesús Cuellar perdió su corona pluma AMB en un fallo dividido frente al mexicano Abner Mares, no por inferioridad física o boxística, sino por falta de plan y estrategia. ¿En qué falló? ¿Qué subió a hacer? Pidió revancha. ¿Seguirá en pluma, o subirá de peso? ¿Tiene chances más arriba?

El día menos pensado
Jesús Cuellar
Foto:

No podía ser de otra manera. El fatídico sábado boxístico que sufrió nuestro país el último finde,  no pudo aislarse de lo que fue todo el año a nivel mundial.

En concordancia con eso, el único campeón regular que quedaba en pie, el bonaerense Jesús Cuellar, perdió su título pluma AMB a manos del mexicano Abner Mares, en fallo dividido, aunque sólo en las tarjetas, porque no hubo discusión.

Hacer leña del árbol caído es el deporte preferido en esta parte del universo, y es de esperar que todo cuanto antes no se dijo, se lo haga ahora. Tanto desde adentro, ventilando cosas que saldrán a la luz, como desde afuera, de quienes querrán aportar críticas tardías.

Pero lo que hubo que decirse en lo previo, en este espacio se dijo en su momento, y lo que no, se callará para siempre.

Más que por autocensura y recato profesional, porque no hubo demasiadas cosas que cuestionar, y las que hubo fueron escritas antes, por caso en la columna "Stanno tutti bene".

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Stanno tutti bene

Nuestro único campeón mundial de boxeo masculino, Jesús Cuellar (ahora con nuevo DT, Freddie Roach), no peleó el sábado en USA como se había programado, por problemas en su rival, Abner Mares, que no se aclararon debidamente. Pero tampoco se conoce el futuro inmediato del bonaerense, y cómo se resolverá su próxima defensa del pluma AMB. Varias cosas no cierran.


Sí habrá un análisis del combate. Y habrá una especulación a futuro.

Lo primero que hay que mencionar es que Cuellar estuvo muy bien preparado físicamente. Mejor aún que Mares. Al menos eso es lo que se visualizó sobre el ring. Pero el boxeo no es sólo el físico y la potencia. Mucho tiene que ver lo estratégico, además de lo mental y temperamental.

Y salta a la vista que el ex jinete que cabalgó a Forastero, por el cual lleva su apodo como emblema, perdió la pelea en ese terreno. No por tener una mala estrategia, sino por no tenerla. Y si la tuvo, no se notó.

Lo único que pudo advertirse fue que Cuellar quiso imponer su potencia y rigor físico, cosa que logró en algunos pasajes, hasta que Mares a partir del 4º le encontró la vuelta, y comenzó a primerearlo con la derecha recta en contra de partida –la mano fatal para los zurdos como Cuellar- cada vez que el argentino se abalanzaba con el afán de acortar distancias y entrar en el cuerpo para poner sus peligrosos golpes curvos.

Así fue cómo el azteca lo tuvo a raya todo el tiempo, y así fue como lo tiró en el 11º. Y cuando no consiguió frenarlo con sus puños, lo hizo con sus brazos, amarrándolo. Esa fue la estrategia de Mares, impartida por su DT Robert García, ex de Cuellar, a quien dejó de entrenar por motivos poco claros, que en su momento pusimos en duda. (NdeR: en redes sociales hay otra versión, e incluso un video con la palabra de Robert García en inglés donde aparentemente cuenta el verdadero motivo).

¿Cuál fue la táctica de Cuellar, dirigido ahora por el encumbrado Freddie Roach?

Sobre el ring, Cuellar parecía un púgil mexicano, y Mares uno argentino. El primero en el rol del  toro, y el segundo en el del torero.

Las mejores gestas de nuestros compatriotas fueron cuando estuvieron en el que tradicionalmente nos representa, que -salvo excepciones- no es la de ir a fajarse a tontas y a locas.

Pero hubo otras contradicciones extrañas: ¿por qué Mares, siendo el más bajo y corto de los dos, prevalecía en la larga distancia? ¿Y por qué Cuellar, siendo el más largo, sólo buscó la corta, sin conseguirlo nunca, aún siendo el más fuerte? ¿Y por qué siendo el más fuerte fue él quien cayó al piso? ¿Y por qué siendo el que tiró más, fue el que pegó menos?

También hubo interrogantes a develar: ¿por qué no pudo hacer nada en toda la noche para contrarrestar esa derecha del azteca y su plan estratégico? ¿Y por qué no tuvo la precisión necesaria para conectarlo de lleno en toda la pelea, cuando se advertía que si lo hacía podía noquear a un rival que se veía más frágil?

Y la última: ¿por qué siendo el más grande de los dos, fue el más liviano a la hora del pesaje? Hasta regaló 1 kilo (dio 56,250 contra los 57,150 del mexicano, límite de la categoría).

Algo bueno sin embargo hay para rescatar en la historia particular de Cuellar: si bien su derrota fue el fiel reflejo de la crisis del boxeo argentino, para nada tiene que ver con las otras que sufrieron Narvaes, Reveco, Matthysse, Cuenca, Tyson Ramírez,  o Rueda, por nombrar sólo algunos.

Aquellos perdieron por KO, y algunos fueron vapuleados. No dejaron una imagen como para una revancha. No desde afuera, es decir, desde los promotores extranjeros y cadenas de TV, sino desde adentro mismo. Nadie en el fuero íntimo piensa que alguno de los nombrados, en una revancha podría ganarle a ninguno de sus vencedores.

Distinto es el caso de Cuellar, que dicho sea de paso, la pidió, y nadie fue capaz de preguntarle a Mares si la aceptaba. ¿Pero no era que iba a subir a superpluma después de esta pelea? ¿Le conviene y le es posible seguir en los 57,150 kg?

La diferencia es que en cualquier otro duelo, Cuellar podría poner KO a Mares, si logra agarrarlo con uno de sus golpes, y si no sólo confía en su físico, en su entrenamiento, o en su buena estrella. Las peleas muchas veces se ganan con el músculo, y aunque parezca mentira, en boxeo el más importante es el del cerebro.

Por supuesto, también con la técnica. Pero cabe agregar de paso que tampoco progresó en ese rubro el Forastero estando en USA, más de lo que lo hizo en Buenos Aires antes de afincarse en los populosos gimnasios yanquis, donde cada guanteo es una guerra, que hay que ver si sirve.

Hoy sería bueno preguntarle a Cuellar y a su equipo qué fue lo que subió a hacer ante Mares, cuál fue su plan A, y cuál era el B, si es que los tuvo. Y si no, cuál lo sería en la próxima, en una hipotética revancha, para que la historia no se repita, ni dependa sólo de sacarse el Bingo con una mano de suerte.

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