jueves 19.01.2017 - Actualizado hace
Fútbol
16 | 12 | 2016
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La revancha de River

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Después de la fulminante caída por 4-2 frente a Boca, River tenía la necesidad imperiosa de conquistar la Copa Argentina. La ganó por 4-3 sin ser superior a Rosario Central. El ingreso del uruguayo Alonso a 20 minutos del cierre del partido terminó siendo decisivo. Una sensación de revancha invadió al plantel y a Marcelo Gallardo.

La revancha de River
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Tuvo sabor a revancha para River. Aunque no estuviera Boca enfrente. Pero el 4-2 que le había regalado Boca en el Monumental el último domingo con una actuación decisiva y espectacular de Carlos Tevez había dejado a la vista heridas muy fáciles de identificar.

Estaba muy golpeado River. Tan golpeado que si caía frente a Rosario Central en la final de la Copa Argentina se desataba una crisis imposible de disimular. Crisis futbolística atada a una crisis económica, producto de la no participación en la Copa Libertadores 2017, siempre funcional a generar ingresos que después las administraciones de los clubes suelen despilfarrar.

Si estaba golpeado el sentimiento de River por el nocaut que le había propinado Boca, ni hablar del plantel y del entrenador Marcelo Gallardo, muy enfocado a partir del error de reemplazar a D' Alessandro (entró Rossi) a media hora del cierre del partido ante Boca. Esa movida, sin dudas, había debilitado a Gallardo, sensible a abrir de manera errática su manual de quejas y justificaciones. 

Precisaba como el agua River derrotar a Central. Y poner en el freezer la dolorosa e inmerecida caída frente a Boca. Porque River en el desarrollo no había sido menos que Boca. Como en Córdoba, Central no fue menos que River, a pesar de perder 4-3, cuando con el 3-2 parcial parecía que iba a quedarse con todo en su tercer final consecutiva de Copa Argentina. 

Pero en esta oportunidad, Gallardo acertó a 20 minutos del final con dos ingresos: los uruguayos Mora y Alonso por D'Alessandro (demasiado acelerado durante y después del encuentro) y Martínez. Apenas entraron, Iván Alonso participó en la jugada del tercer gol de Alario y cuando el reloj había consumido 3 minutos más, clavó el cuarto con un remate mordido después que Alario (autor de 3 goles, 2 de ellos de penal) se la bajara de cabeza a no más de 5 metros del arco.

La victoria de River se nutrió de un altísimo nivel de oportunismo. Llegó poco y concretó casi todo lo que se le presentó. Y contó además con el silbato urgente del árbitro Patricio Loustau, que sancionó 2 penales en contra de Central (el segundo no lo fue) y no sancionó uno en contra de River cuando a Teo Gutiérrez lo tomaba Ponzio con los dos brazos a pasos del arco.

Mirando a futuro, a River le queda la satisfacción y el orgullo de cerrar una temporada conquistando un título nacional que le permite jugar la Supercopa Argentina frente a Lanús por el ser el último campeón del fútbol nacional y volver a disputar la Copa Libertadores, mientras Boca, Independiente y Racing tendrán que observarla por televisión.

También mirando a futuro la dirigencia y el cuerpo técnico tendrán que revisar algunas cuestiones centrales. Por ejemplo, comprar un arquero más confiable. Augusto Batalla, de pobre rendimiento ante Boca y de lamentable actuación frente a Central, hoy no tiene estatura futbolera para ser el titular del arco de River. Le faltan todavía demasiadas horas de vuelo para afirmarse. Y no regalar los goles que está regalando. De los 7 goles que padeció River contra Boca y Central, Batalla se hizo 3, más allá de las inseguridades evidentes que denunció en cada intervención.

Las cicatrices que Boca le dejó a River, por supuesto, siguen estando. Pero el triunfo que conquistó en el desastroso campo de juego del estadio Mario Kempes le alcanzó para hacer una pausa larga, respirar más aliviado y pensar que una revancha inmediata como la que consiguió, también puede construirse ante otro adversario que vista colores parecidos a la camiseta de Boca.

Central terminó siendo una víctima cuando parecía tener servida en bandeja la pilcha del victimario. En 3 minutos, sin embargo, lo cocinaron. Desde los 26 hasta los 29 minutos del segundo tiempo. En ese período de 180 segundos tan breve y tan determinante, le vaciaron los bolsillos. Y lo dejaron sin nada.

Gallardo, muy emocionado, desató un festejo que tuvo mucho de alivio y de reivindicación riverplatense. Esa sensación, en definitiva, invadió a River. Tanto que los jugadores en comunión con sus hinchas, hicieron un minuto de silencio recordando a Boca.   

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