domingo 22.01.2017 - Actualizado hace
Boxeo
20 | 12 | 2016
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Una estrella en el infierno

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La Tigresa Acuña, a los 40 años, con magnífico nocaut sobre Yésica Marcos (KO 10) y brillante performance, conquistó el título mundial supergallo FIB y se convirtió en la única boxeadora o boxeador argentino en ostentar coronas en las 4 entidades mundialistas. ¿Pero se merecía tantas desprolijidades en su noche?

Una estrella en el infierno
Crédito: Jornada Online
Foto:

El gesto desdibujado en el rostro de la mendocina Yésica Marcos denunciaba la tensión del combate.

No sólo eso; también su  entripado escondido, tras aquel empate localista de 2013 en Mendoza, cuando la Tigresa Acuña la desnudó ante su gente -nada menos que 40.000 personas-, que no reprobaron el escandaloso fallo que la benefició, pero hicieron algo peor: con su piadoso silencio perdieron la credibilidad y devoción por su ídola.

Marcos estaba herida en su orgullo y por eso vino el viernes pasado en el mejor estado físico de su carrera, a querer lavarlo con bronca, porque lo suyo era directamente contra la Tigresa Acuña.        
La Tigresa también tenía sed de revancha, mas no contra Marcos, inocente total de aquel episodio. Lo suyo era una revancha deportiva, contra el "aparato del boxeo" en general, contra el statu quo, como le pasó toda su vida.

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Pero llevaba la tranquilidad en su alma del respaldo popular, de la opinión pública, que se dio cuenta de lo que pasó esa noche mendocina, y que cada vez que puede la rememora y repudia.
Tanto fue así que a los dos jueces que no le dieron la victoria (Trípodi empate en 95 y De León 94-96) los suspendieron de por vida para trabajar aquí.

Tal vez humillada, tal vez resentida, la mendocina buscó entonces hacer todo lo contrario de su primera pelea y salió decidida a acosar a la formoseña sin pausa ni estilo, porque aquella noche la respetó demasiado. Y así como antes estuvo atada, el viernes pasado estuvo desatada en el Parque Industrial de Desarrollo Productivo (EPIVAR) de Moreno, Pcia de Bs As.

Mas ella no pelea así. Ella es ortodoxa y contragolpeadora. No sale a atacar, no baja las manos y pone la cara. No es temeraria, ni gesticulera.

Marcos no peleó como Yésica Marcos, sino como creyó que debió hacerlo hace casi 4 años.
Traicionó su estilo por temor a que el combate sea un calco del anterior y por repetir los mismos pasos, volver a caer en las redes de la Tigresa, que maneja los tiempos. Que si la otra especula, ella también. Que si la otra espera, ella también. Y si la otra ataca, está en su salsa.
Y Marcos, erróneamente, la atacó. Le pusieron el cebo a la vista y fue a dar de cabeza hacia él, perdiendo todo, sin ganar nada.

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No pudo meter casi ninguna mano en toda la pelea, pese a tirarlas, a hacer el gasto, a exigir físicamente e inyectar presión. A cambio recibió cada contra precisa de la formoseña que generaron en su cuerpo y alma parte del "efecto Alí": la picadura de una abeja.

Sólo por momentos la Tigresa flotó como una mariposa. Su nueva estructura física ganada con el crossfit la hizo más fuerte y le dio más base terrena, más firmeza de piernas. Y cuando las piernas están fuertes, pegan con mayor poder.

Por eso le voló el bucal en el 9º de un zurdazo, que el árbitro Mario González no le volvió a colocar por una errónea interpretación de una regla FIB, que impide frenar la acción de combate para esa tarea. Sin embargo la acción estaba frenada porque ellas mismas lo hicieron, pero el árbitro prefirió que siguieran para que nadie especulara con hacer tiempo.

La regla confunde, pero está para no ocasionar un problema mayor, es decir, que de repente uno se detenga y el otro no, y ponga KO a su rival, generando un lío mayúsculo. Sólo por eso. Pero nunca puede una regla preferir nada, antes que la salud de los boxeadores.

Fue gracias a eso que la Tigresa casi la pone nocaut a la desprotegida Marcos al final de esa vuelta, si no sonaba la campana.

Y fue en el 10º, el último, donde tuvo aún la fuerza como para meter un cross diestro y lograr lo que fue quizás el nocaut del año, cuanto menos, el mejor KO que se recuerda de una mujer a otra, con lo cual coronó una faena magistral con un broche de oro.

Estupendo. Pero no todas fueron buenas en la noche, y cabe decirlo.

Semejante pelea entre dos campeonas -o ex campeonas-, por un título mundial vacante como el supergallo FIB que disputaron, donde la Tigresa se convirtió en el primer púgil argentino sin distinción de sexo en ganar coronas en las 4 entidades mundialistas (AMB, CMB, OMB y FIB), no puede organizarse en las condiciones en que se realizó la velada.

Un lugar tan inhóspito, escondido al público, en el cruce de dos rutas en medio del campo, que el
propio GPS no alcanza a detectar.

Un galpón gigante, pero sin el perímetro reglamentario de autoridades, con apenas dos frágiles vallas bien al fondo, sin Seguridad. Y si la había ni se notó, porque no estaban identificados ni uniformados.

Con gente que fumaba alrededor, cosa prohibida reglamentariamente, ¿pero quién podría irles a decir algo? Gente traída en colectivos y combis, seguidores de algún "crédito" de barrio o localidad, que menos mal que ganaron, porque de lo contrario, si de repente ese público –que por suerte se portó bien- se desbanda, ¿quién los para?

En síntesis, varias condiciones inapropiadas para organizar boxeo, especialmente de ese nivel, porque se sabe cómo es el boxeo en algunas localidades, o en el interior del país. El boxeo pobre, donde gracias que hay un ring y sillas, y el resto hay que mirar para el costado para no parar el festival, que a veces, si el fiscal de turno tiene coraje, lo suspende, a riesgo de que la emprendan contra él.

¿Pero qué fiscal podría animarse a frenar una velada como ésta, con un título mundial en juego, con la TV montada y todas las autoridades, púgiles y público en el lugar? ¿Y cómo hacer para que se respetaran todas las normas elementales, sin el poder de parar la velada?
Para colmo de males, el sonidista boicoteó el audio en venganza, ya que el Intendente del lugar le había prometido ser el anunciador, cosa que no pudo ejercer cuando llegó el oficial, Daniel
Santibáñez, el contratado por el promotor.

Su voz salía para la TV
, pero no para los espectadores en el estadio, cosa que es obligatoria reglamentariamente, y el fiscal o veedor deben chequear antes, ya que el anunciador es parte imprescindible de las autoridades del ring, y el correcto sonido es indispensable para la concreción de una velada. Se corrigió luego, aunque siempre con interferencias de fondo que lo ensuciaban.
Claro, después vino el KO de la Tigresa, su extraordinaria presentación, y borró todo. O casi todo. Porque sucumbir ante eso sería dejarse llevar por el exitismo. Sería un comportamiento cómplice, que -salvando las distancias- ya padecimos aquí y trajo malas experiencias.

No es cuestión de condenar, sino de advertir, para prevenir a futuro peligrosas reincidencias, que por callarlas en su momento pueden acarrear graves consecuencias. Aunque la bala se halle adentro de un tambor que se cree grande.

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