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Historias de vida
31 | 12 | 2016
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A la hora del brindis, ellos cuidan la vida de los demás

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Marcelo Sandoval y María Burgos forman parte del personal del Cuartel Central de Bomberos Voluntarios de Avellaneda, pero además son pareja y comparten una visión solidaria de su riesgosa actividad, además del amor por su bebé Benjamín.

A la hora del brindis, ellos cuidan la vida de los demás
Marcelo y María y sus dos pasiones: la autobomba y, desde hace poco más de dos meses, su pequeño hijo Benjamín.
Foto: LAURA TENENBAUM DIARIO POPULAR

La noche de fin de año siempre adquiere una magia especial, en la cual el encuentro de familiares, amigos, hijos, padres o parejas, culmina en los mejores deseos del brindis al iniciarse el nuevo ciclo. Pero nadie puede soslayar que esa velada de relax y alegría también es para muchos otros un momento de trabajo y obligaciones, exigidas por distintas tareas de servicio a toda la comunidad.

Uno de los casos más emblemáticos en este sentido lo constituye la sacrificada labor de los bomberos, y en especial de los voluntarios, cuya vigilia es casi imprescindible en una noche donde los riesgos de incendio o accidentes pueden estallar en cualquier momento.

En este sentido, un caso muy especial es el de una joven pareja de bomberos que presta servicio desde hace varios años en el Cuartel Central de Avellaneda, y a quienes ni siquiera la reciente llegada de Benjamín, su hijo de poco más de dos meses, ha disuadido de dejar de lado su labor tan importante en la prevención.

Marcelo Sandoval (37) y María Burgos (35 recién cumplidos) se criaron desde chicos en Villa Tranquila, partido de Avellaneda, y se conocen desde la infancia. Hace diez años que están juntos, y ambos tienen hijos de parejas anteriores. El primero en acercarse a la central de bomberos fue Marcelo, hace unos 7 años, por una propuesta de un tío suyo, que ya había cumplido funciones similares años atrás. Y hace tres años, María lo siguió, atraída por la posibilidad de ayudar a la sociedad.

Haciendo una descripción del lugar donde desempeñan sus tareas, María comenta que "en el cuartel central de Avellaneda, y en los destacamentos cercanos, en la Isla Maciel y en Piñeiro, funcionan 13 autobombas, con un cuerpo activo de 85 personas, y como además hay personal mayor retirado que está de reserva, en total se completa una dotación de 120 personas".

María destaca que "yo hice mis estudios secundarios pero ahora soy ama de casa, y al ver lo que hacía Marcelo, me contagió el entusiasmo. Yo venía como vecina, a hacer mate, limpiar, ayudar un poco de todo, y al final decidí incorporarme, y hoy me desempeño como bombera, pero estoy más en el plano de lo administrativo y estadísticas, aunque me ha tocado salir a cubrir siniestros varias veces, aunque ahora con el bebé no lo estoy haciendo".

Marcelo es suboficial y esto lo involucra en participar de operativos de mayor riesgo, y asegura que "en esta cuestión nunca terminás de recibirte, porque todos los incendios son distintos, cada situación es diferente y hay que capacitarse continuamente".

En ese sentido, Sandoval comenta que "hay que conocer las reglas básicas de ataque del fuego, y la necesidad de resguardarse y saber cuándo atacar las llamas y cuando replegarse, observar las vías de escape, pensar en quién respalda al rescatista, y verificar que el agua logre circunscribir el área de fuego", y remarca que "cuando estás en el lugar las cosas no son fáciles, la mente dice una cosa y el cuerpo otra, aparte, si te invade el humo, perdés la noción del espacio".

Preocupado por lo social, Marcelo, que es miembro del Grupo de Rescate de Altura, y también se desempeñó como chofer afirma que "en mi barrio siempre me interesó dar ayuda a ese nivel, porque vivimos en una zona de asentamientos y casillas muy proclives a sufrir accidentes" .

María completa que "si hay seres humanos comprometidos uno toma un mayor riesgo que si hay solo bienes, porque aunque la entrega es la misma, no es igual una persona que un objeto" y coincide con su marido en que "el miedo nunca lo perdés, pero lo aprendés a manejar".


      Marcelo Sandoval y María Burgos bomberos


Incendios, atrapados y hasta suicidas

Los motivos por los cuales los bomberos deben prestar su servicio no se limitan sólo a los incendios de casas, edificios o vehículos, sino que hay otras tareas para las cuales se preparan, y que son muy variadas y de distinta gravedad.

Marcelo Sandoval explica que "los cursos que seguimos implican prepararse para muchos problemas, y entre ellos están el rescate de personas atrapadas en un incendio, como también la actitud de posible suicidas que amenazan con tirarse, para lo cual hay que obrar con muchas prudencia y discreción". Agrega que "también hubo casos de gente atrapada en ascensores, y de animales a los que hay que rescatar de alguna chimenea" y comenta que "hemos tenido que rescatar hasta loros y algún monito que se había escapado en una quinta cercana, lo trajimos acá y lo tuvimos un tiempo hasta que se lo llevó un organismo de animales de La Plata". María señala que "son muchos también los momentos tensos y difíciles, sobre todo si hay que buscar a gente atrapada, o reducir a una persona en crisis" y no deja de mencionar que "yo estuve en el derrumbe de Iron Mountain".



Las guardias, una verdadera prueba de fuego

Las guardias que los bomberos deben cumplir en las fiestas son una verdadera, y nunca mejor dicho, prueba de fuego, porque necesitan estar alertas y preparados para una tarea complicada, cuando todos están comiendo y brindando.

Marcelo señala que "varias veces nos ha tocado cubrir las guardias con María juntos, sin ir más lejos, la última Nochebuena, en cambio en el 2015 nos tocó el 31, pero por suerte, salvo apagar el incendio de un camión lleno de alfalfa no nos tocó nada tan grave".

Tanto él como María detallan que "en general somos entre siete y diez personas, una dotación, aunque el 31 es más riesgoso porque hay más problemas" y remarcan que "de las 23 a las 3 de la mañana es más usual que haya algún incendio, producto de la pirotecnia sobre todo, y luego de las 3 hasta las 6 surge el efecto del alcohol, con accidentes en coches y motos, que a veces se pueden incendiar".

Pero aclaran que "igual, aunque no nos toque guardia ese día, sabemos que estamos al pie del cañón, y si estamos en casa con la familia y suena el handy, hay que dejar todo y acudir, es parte de nuestro trabajo y no lo podemos evitar".

Durante el resto del año, cada uno tiene sus propios horarios, aunque muchas veces coincidan. Marcelo hace guardias de 24 horas, entrelas 8 y las 8, y luego descansa dos día, para volver al tercero, con lo que completa unas diez u once guardias mensuales. En cambio, María trabaja de 9 a 17, tres veces a la semana aunque antes de ser madre eran cinco días.


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