lunes 23.01.2017 - Actualizado hace
Fútbol
04 | 01 | 2017
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Verón: el regreso de un crack

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Se retiró hace dos años y medio en aquel partido ante Tigre. Y vuelve a los 41 años para jugar con la camiseta de Estudiantes frente a Bayern Leverkusen este domingo en Estados Unidos. Juan Sebastián Verón y las circunstancias que alumbran su regreso al fútbol. La necesidad existencial de seguir. El escenario de las grandes pasiones.

Verón: el regreso de un crack
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Decir que Juan Sebastián Verón jugó muy bien al fútbol parece un elogio sin vuelo, casi minimalista. Pero no lo es. Expresa una verdad absoluta. Jugar muy bien es entender todo. Entender lo que 9 de cada 10 jugadores no entienden. Es ver lo que 9 de cada 10 jugadores no ven. Es saber, en definitiva, como hay que jugar. Y para quién jugar.

Verón siempre perteneció a esa cofradía que integran los elegidos. A ese muy reducido grupo de futbolistas que nacieron y se hicieron con la certeza de que iban a ser cracks. Lo fue la Brujita. Fue un crack por encima de cualquier discusión o polémica relacionada con sus aportes más o menos significativos en la Selección nacional, participando en 3 (1998-2002-2010) mundiales.

¿Hoy continúa siendo un crack? Aquel que lo fue lo sigue siendo. No se extingue ese don. Perdura. Si va a jugar en el 2017 como un crack ya es otro episodio todavía en período de elaboración. No se sabe. Y Verón tampoco lo debe saber. Porque estas cosas no se saben hasta el momento en que se consuma el hecho. Nunca antes.  

¿Por qué vuelve después de haberse retirado con fiesta de despedida incluida el 18 de mayo de 2014 en aquel partido frente a Tigre? Por una razón muy simple: porque a los 41 años desea seguir jugando. Y porque en Estudiantes puede hacerlo sin que nadie ponga un grito en el cielo y le cierre las puertas. No ocurriría lo mismo si el día de mañana Riquelme con sus 38 años manifestaría que quiere volver a vestir la camiseta de Boca. La resistencia y el rechazo vendría por parte de la dirigencia. No de los hinchas. La dirigencia liderada por el vapuleado Daniel Angelici siempre lo quiso ver lejos. Los hinchas, en cambio, quieren verlo lo más cerca posible. Y esa nostalgia no se va a apagar. Porque la memoria no se apaga.

Verón no tiene que pedir permisos especiales para regresar como jugador de Estudiantes y disputar la Copa Libertadores de 2017 y el campeonato argentino. Es el actual presidente de Estudiantes. Es él mismo que se contrata por 18 meses, se fija un sueldo levemente inferior a los 13.000 pesos, el que elige al técnico y también influye decididamente en el armado del plantel. No hace todo lo que quiere, porque nadie hace todo lo que quiere, pero toma determinaciones en función del cargo que ostenta. 

La que tomó vinculada a su futuro inmediato en el fútbol, no es frecuente. No porque los jugadores no se sientan tentados de hacer lo que va a hacer Verón. Sino por los entornos. Por los consejos. Por las sugerencias. Por los mensajes. Por las recomendaciones. Por toda esa carga impresionante de fuerzas opositoras que de alguna manera sabotean (incluso con buenas intenciones) este tipo de iniciativas.

Plantear que Verón con su regreso pondrá en juego los mejores recuerdos que los hinchas atesoran, es una simplificación oportunista e irrelevante. Con este criterio Maradona tendría que haberse retirado después de ganar el Mundial en México 86. O Guillermo Vilas después de regalarle al mundo un 1977 impresionante en resultados y en rendimientos. O Muhammad Alí después de noquear a George Foreman en 1974, en Zaire. O El Flaco Menotti y Carlos Bilardo después de conducir a la Selección a la conquista de Argentina 78 y México 86. La lista podría ser casi interminable.

Es cierto, este Verón crepuscular que el 9 de marzo cumplirá 42 años, seguramente no va a mostrar plenitudes. Por otra parte nadie se las va a pedir. Tampoco va a hacer papelones. Esto sí que lo sabe. Los jugadores de su estirpe y de su clase, no hacen papelones. A lo que está sujeto, como lo estará Verón en los próximos meses, es a sufrir lesiones musculares, producto de la inactividad profesional. ¿Pero quién está a salvo de estas lesiones?

Queda en primer plano que la necesidad existencial de Verón es más fuerte. Ese es el motor fundamental de su regreso. Volver a ser lo que siempre quiso ser. Y nada menos que en Estudiantes. Correr detrás de ese sueño es una aventura imperdible. Algunos dirán que es una excentricidad. Otros que es una locura. Y otros que nunca dejaron de mirarlo de reojo le desearan lo peor.

Detalles sin importancia. En algunos casos, viejos resentimientos. Antiguas facturas del pasado. En otros casos, miedos ajenos (algunos legítimos) que se transfieren. La verdad siempre relativa es que Verón está construyendo su propia realidad. Los costos y beneficios corren por su cuenta. Verlo en la cancha será también ver el escenario de las grandes pasiones. Y ahí, Juan Sebastián Verón, ya ganó.     

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