domingo 22.01.2017 - Actualizado hace
Temperatura T 26° H 78.6%
05 | 01 | 2017
Imprimir
Agrandar
Reducir

Una tragedia que cimentó diferentes versiones

0
Comentarios


Durante muchos años, distintas situaciones hicieron que el lugar se transformara en una leyenda urbana que con el paso del tiempo llamó más la atención de vecinos, curiosos y turistas.

Una tragedia que cimentó diferentes versiones
Foto:

Los barrios guardan secretos, atesoran historias. Y La Boca no es la excepción. Caminamos por Almirante Brown, llegamos a las cinco esquinas que se conforman cuando la mencionada avenida se une con Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós. Es inevitable mirar hacia arriba. Antes que el cielo, aparece esa torre circular, emblemática, que despierta curiosidad. La vieja casona de tres plantas, con forma de castillo, tiene una torre que se asemeja a la pieza que lleva ese nombre en el juego de ajedrez. Pero lo particular es la historia que se encierra sobre ese lugar.

La leyenda comienza en 1910 cuando en Buenos Aires vivía una poderosa estanciera llamada María Luisa Auvert Aurnaud. Ella habitaba ese palacete y quienes la conocían contaron que era ambiciosa. Disfrutaba realizando acciones que pudieran incrementar su fortuna. Un día se decidió a construir una vivienda colectiva para un emprendimiento inmobiliario. Contrató al arquitecto catalán Guillermo Alvarez, quien estuvo al frente de la obra. Ella quedó tan conforme que decidió irse a vivir ahí. Pero un día abandonó el edificio luego de que, según los vecinos, se escucharan gritos de sustos de la mujer o tal vez de sus sirvientes. Finalmente se fue a vivir al campo, en Rauch.

Auvert, en su veloz partida, dejó encargado la venta del edificio a una inmobiliaria de la zona, que dividió la edificación en departamentos e hizo de ella una vivienda colectiva de renta. Y allí según cuenta la leyenda- llegaron nuevos inquilinos. El último piso lo habitó Clementina, una pintora que armó su atelier en ese lugar, donde pasaba gran parte del día. Por las tardes, tenía la costumbre de cruzar a tomar un café en el bar de enfrente. La bellísima joven además estudiaba Historia del Arte. Un día una periodista llamada Eleonora quiso entrevistarla. La nota se realizó en la torre. Ahí le mostró algunas obras que estaba terminando. Al poco tiempo comenzaron a suceder hechos misteriosos: gritos escuchados por los vecinos. Finalmente Clementina cayó al vacío.


Revelaciones


Todos en el barrio quedaron sorprendidos ya que nada hacía imaginar que Clementina pudiera tomar la determinación de suicidarse. Encima, cuando la periodista recibió las fotos que había mandado a revelar se encontró con una sorpresa: uno de los cuadros que la artista estaba por terminar estaba rodeado por tres duendes, que no estaban en el cuadro al momento de ser fotografiado. Fue así que la periodista tomó la iniciativa de investigar la muerte de Clementina.

Escuchó sobre Auvert y viajó a Rauch a entrevistarla. Ya en aquella localidad bonaerense, durante la charla, Auvert preguntó a Eleonora si creía en duendes y comenzó a narrar una antigua leyenda de Cataluña, la cual dice que en los bosques de los Pirineos viven los follets, unos pequeños duendes que siempre duermen en los hongos. Estos duendes, científicamente fueron asociados con los efectos alucinógenos de las setas, hongos que pueden a veces ser venenosos, pero otros dicen que existen en realidad. Los follets pueden ser muy colaboradores, pueden ayudar a las personas en sus trabajos o quehaceres, pero si se los alteran pueden ser de los más traviesos y no tienen límites. La señora Auvert contó que mientras vivía con los duendes, que estos personajes colaboraban con los sirvientes, pero un día, uno de ellos quiso propasarse con una sirvienta y cuando uno de los mucamos tomó de él y lo arrojó a la pared para apartarlo de ella, el duende se enfureció tanto que la casa comenzó a ser un infierno. No solo vivía desordenada, los muebles se caían, las patas de las sillas y las mesas aparecían cortadas, sino que también los cuchillos volaban y se incrustaban en la pared, poniendo en peligro la vida de sus habitantes. Fue así que Auvert decidió deshacerse del edificio del barrio de La Boca e instalarse en su campo de Rauch.

Comentarios Facebook