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Historias de vida
08 | 01 | 2017
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Volver a los 17 y hacerle un gol al gran Amadeo Carrizo

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Entre los grandes delanteros que dieron los años '60 y '70, Carlos Goma Vidal se distinguió por una gambeta y una velocidad envidiables. Hoy, retirado del fútbol, recuerda tardes de gloria, goles históricos y su breve paso por la Selección nacional.

Volver a los 17 y hacerle un gol al gran Amadeo Carrizo
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Una tarde otoñal de 1967, un pibe que apenas había cumplido los 17 años pisaba por primera vez el césped en un partido de Primera: era en el viejo Gasómetro, y gracias a una jugada suya, que culminó en gol de su compañero Noguera, Ferro vencía a San Lorenzo 1 a 0, en un torneo innovador para la época y que daría un ganador inédito: Estudiantes de La Plata.

Ese pibe, que traía en su mochila todo el potrero que le habían dado largas mañanas y tardes de toques y fintas en el club Crisol de Pompeya, junto a amigos y compinches de fútbol de barrio, y que había saltado sin escalas de la séptima a la primera, un par de semanas después estaría en boca de todos, porque debutaba en la red al hacerle un gol de cabeza nada menos que a una gloria como Amadeo Carrizo.

A partir de ahí, y quizás por la forma elástica en que dibujaba gambetas, el periodismo no dudaría en rebautizarlo, y Carlos Alberto Vidal se convertía en "el Goma", y con el tiempo, llegó a ser el máximo goleador del club de Caballito a través de más de una década en la institución.

Lejos de aquellas tardes luminosas, y ya desvinculado del fútbol, Carlos Vidal (66) atesora un pasado que le pertenece por mérito propio, y lo recuerda con entusiasmo pero con calma en su casa de Nueva Pompeya, donde vive junto a su mujer Elizabet y a los pequeños Lautaro y Luciano.

Propietario de una remisería en su barrio, junto a su hijo mayor, Claudio (quien también fue futbolista en Ferro y en otros clubes, y además es DT de Sportivo Barracas), Carlos - que tiene además otras dos hijas de su pareja anterior- cuenta en charla con Diario Popular que "tengo grandes recuerdos y cariño por toda mi época como jugador, pero hoy las cosas son muy diferentes, y cuestiones como la violencia, los barras o la corrupción en el medio han hecho que me aleje, aunque siempre sigo los torneos y el juego, porque la esencia no se pierde".

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Vidal se crió en un ámbito muy humilde, en una época donde el fútbol era una de las pocas distracciones de los chicos, y donde el ya desaparecido club Crisol era un verdadero semillero, por el que transitaron Suñé, Larrosa, Potente y el Tucho Caputo, que triunfó en Argentinos Juniors.

A los 14 años, Carlos estuvo a punto de ir a Huracán, porque lo quería Emilio Baldonedo, gloria del Globo, pero finalmente llegó José Scalise, técnico de inferiores de la entidad de Caballito, y lo convenció a él y a varios amigos de ir al Verdolaga. "Nos dijo que nos daban unos 5 mil pesos de hoy, y me llevó junto a Cacho Saccardi, un hermano de la vida con quien crecimos juntos, el Pichi Pelaez, el Pato Eiras y Luis Papandrea.

Vidal alternó buenas y malas campañas, pero recuerda "especialmente el equipazo del 74-75, que dirigía un grande como Victorio Spinetto y a otros grandes técnicos como Imbellone, Garabal, Cacho Giménez y López-Caballero, además de Griguol".

Con el descenso consumado en 1977, Carlos se fue a Colombia, a jugar al Junior de Barranquilla. Cuenta que "me fue tan bien que querían nacionalizarme colombiano, pero yo extrañaba mucho y me volví al país".

Delantero exquisito, maestro del amague y de salir por el lado menos pensado, lo que le costó muchos golpes y lesiones, Vidal volvió en 1979 y jugó en la primera época de Carlos Griguol, pero las lesiones no le permitieron rendir como quería, y se quedó en los umbrales de la gran época de logros del club en los '80.

Su última experiencia fue en el ascenso, jugando para Defensores de Belgrano, donde compartió la delantera con Pinino Mas y se retiró en 1981, para ejercer como DT de inferiores en Ferro, donde se desempeñó hasta 1996.

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106 goles y ninguno de penal

En sus 11 años en Ferro, el Goma Vidal se convirtió en su goleador máximo, con 106 conquistas (convirtió algunos más en Defensores de Belgrano) y con la particularidad que ninguna fue de penal. Al respecto comenta: "los penales me los hacían a mí, me hicieron 77, sin contar los que no me dieron, sobre todo en las canchas grandes, cuando los árbitros eran muy localistas". Y casi con picardía, confiesa que "muchos fueron reales, y en bastantes exageré para que me los cobraran".

En ese sentido, rememora un partido de 1974, cuando en un partido con Racing iban 1 a 1, en Caballito, con un gol suyo. "En el último minuto me le voy a Paolino, me toca, me caigo y el árbitro da el penal, que convierte Papandrea. Con ese gol clasificamos y los eliminamos a ellos".

Vidal jugó un par de amistosos en la Selección Nacional, fue en 1977, bajo la dirección de Menotti, que lo citó junto a Saccardi, fue contra Chile y "anduve bien, pero ya había otros colegas más consagrados y no me volvieron a convocar".

Luego de su retiro, Carlos Vidal fue convocado por Griguol y Aimar para trabajar en las inferiores del club. Así, preparó a las divisiones de 7ª a 9ª, de las que salieron figuras como el Ratón Ayala, Sava y Esnaider.

Gol a Amadeo y almuerzo con Mirtha Legrand

Todo jugador tiene su día de gloria. Y para Carlos Vidal ese día seguramente fue el domingo 7 de mayo de 1967. Esa tarde de sol en Caballito, y a solo dos semanas de su debut en primera, el Goma, a quien los defensores no sabían cómo marcar porque se les escurría como el agua, recibió un centro desde la izquierda del puntero Hugo Martínez.

"En ese momento no sé si pensé algo, me filtré entre dos grandes jugadores como Guzmán y Matosas, y cabeceé cambiándole la pelota al otro palo nada menos que a Amadeo Carrizo, que era uno de mis ídolos de chico. Con ese gol ganamos 1 a 0, y no podía creer haberle hecho un gol a ese monstruo, él luego me felicitó, me tocó la cabeza, y me deseó mucha suerte. Años después volví a encontrarlo, y me demostró que era una gran persona".

Sonriendo, Carlos recuerda que "fue tal la trascendencia de ese gol que a la semana siguiente me invitó Mirtha Legrand a almorzar a su programa, y luego también me llevó Roberto Galán a 'Si lo sabe cante'".

Años más tarde, en 1974, la vida del Goma pudo cambiar para siempre, porque Boca se interesó en su pase. Cuenta que "había mucha guita por mi pase, y a Ferro vendría Taverna, yo había casi arreglado, pero en Ferro me declaran como 'patrimonio del club' y me matan, porque el pase se frustra. Justo estaba llegando el Toto Lorenzo, hasta tuvimos una reunión con él y el Chapa Suñé, pero no pudo ser, y ya no hubo otra oportunidad".

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