jueves 19.01.2017 - Actualizado hace
Fútbol
12 | 01 | 2017
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Menotti, Griguol y los pirinchos

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Pases sencillos que terminan en los contrarios. Remates al arco que una y otra visitan a las tribunas. Falta de control para manejar la pelota. Conocimiento en retirada. El fútbol argentino fue resignando sus destrezas. Y fue perdiendo a los cultores de esas destrezas. Los entrenadores, muchos de ellos resignados, se dejaron someter por una inercia decadente.

 Menotti, Griguol y los pirinchos
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"¿Saben porque los brasileños sacaron ventajas en el fútbol? Todos o casi todos van a decir que por su capacidad técnica. Pero no fue solo por la técnica. Pesa muchísimo el conocimiento. Entender el juego. Descubrir sus misterios. La técnica sirve como un formidable complemento de ese conocimiento. Porque la técnica sin un conocimiento profundo del juego, no alcanza. Los brasileños a lo largo de su historia supieron encontrar técnica más conocimiento". El textual es del Flaco Menotti.

 
El foco de aquella observación fueron los brasileños. Pero, sin ninguna duda, la definición de Menotti abarca a un fútbol sin fronteras. La técnica y el conocimiento no pueden estar disociados. Un jugador no es un exhibicionista que se agota en su habilidad. Tiene que aplicar su técnica en función de sus propias necesidades y de las necesidades del equipo.
 
En el fútbol argentino la técnica y el conocimiento vienen emprendiendo una retirada que se expresa con claridad absoluta durante los partidos. El costo que se paga por esa fuga no se mide en términos relativos. La manifiestan los jugadores que cultivan la confusión. Que chocan, que trasladan en exceso, que demoran el pase, que se apuran, que le pegan con los tobillos y que además se ofenden si los hinchas se lo reclaman.          

      Amadeo Carrizo


Hace un par de años a esa enciclopedia del arco que fue Amadeo Carrizo le planteamos abordar un tema específico relacionado con los arqueros que no pueden retener la pelota. Amadeo nos dijo: "Dan rebote por falta de técnica. Lo que siempre me quedó de pibe es que a la pelota hay que agarrarla y no sacársela de encima. Un rebote cualquiera es un gol en tu arco. Esto por supuesto que se enseña, en la medida en que alguien quiera aprender. Vengo escuchando hace varios años que ahora la pelota es mucho más liviana o viaja más rápido y es casi incontrolable. La verdad, no sé si es tan así. A mí no me parece. Lo concreto es que el arquero tiene que atraparla con gran firmeza y decisión y no dar ventajas que pueden ser muy negativas para su equipo".  
 
Carrizo, en su rubro, hizo pie en las claudicaciones técnicas de los  arqueros. Pero en realidad esa debilidad formativa que Amadeo advierte en las filas de los arqueros puede proyectarse a muchas funciones y a muchos jugadores. ¿Qué los  delata? Las malas lecturas para interpretar y leer con inteligencia las necesidades del juego y la falta de capacidad técnica para resolver.
 
En técnica, es evidente que los jugadores argentinos (hay excepciones) adeudan demasiadas materias. Y quedan expuestos cuando no pueden ejercer un control adecuado sobre una pelota que no les llega envenenada (les rebota y la comprometen o la pierden), cuando erran de manera grosera un pase sencillo de 5 metros o cuando en posición de remate le entran pésimo a la pelota y la mandan a la tribuna, provocando el fastidio de todos.
 
¿Qué significación tienen esas respuestas tan mediocres como vulgares? Que no se preocuparon en su  tránsito por las inferiores ni en la Primera en adquirir técnica individual. Y que ningún entrenador los exigió en ese plano, como si fuera imposible que evolucionaran. "Yo a los tronquitos o a los pirinchos como les llamo con cariño, trato de mejorarlos todos los días un poquito. No para que sean cracks porque no lo van a ser nunca, pero por lo menos para que entiendan como hay que tratar la pelota y convertirlos en piezas útiles para el equipo", nos dijo Carlos Timoteo Griguol en su última etapa como entrenador de Ferro.    


      Carlos Timoteo Griguol


 
Griguol puso en primer plano un espíritu docente que hoy parece haberse perdido. Habría que aclarar que no nos estamos refiriendo a que los jugadores muestren grandes relieves de destreza técnica, que solo la expresan los elegidos. El tema es más simple: es encontrarle alguna sensibilidad al manejo de la pelota y un concepto que fortalezca el juego para desalentar la torpeza. Y para tener un mínimo grado de precisión que el fútbol de todos los tiempos siempre demandó. Porque cualquiera que frecuente el fútbol sabe que no se puede jugar bien cuando una habilitación mansa y tranquila rebota en los pies o en el pecho de un protagonista como si le arrojaran un pase criminal.
 
 "Un tipo que tiene control sobre la pelota anticipa que puede ser un buen jugador", supo afirmar el Beto Márcico en alguna oportunidad. Por la inversa habría que señalar que quien no tiene control anticipa que es un jugador discreto. Esa categoría de jugadores discretos más funcionales al despliegue que a desarrollar la técnica y el conocimiento, son los que saturan las canchas del fútbol argentino. Son los que erran lo que no se puede errar, los que juegan capturados por la confusión y los que dan ganas de llorar cuando le pegan al arco.  
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