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13 | 01 | 2017
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El pie izquierdo

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


A tono con su actualidad, el boxeo profesional comenzó el año en la pantalla chica torcido, con un título argentino que cambió de manos en la balanza, un corte en la transmisión a causa de la tormenta que impidió salir al aire en vivo, y yerros reglamentarios inexplicables, e imperdonables en este nivel.

 El pie izquierdo
Foto:

Era una revancha dentro de todo esperada (o atractiva) porque en 2015, mediante un batacazo, el cordobés Xavier Luques Castillo le había quitado el invicto y el título argentino superligero al neuquino Mauro Godoy, al vencerlo por KOT 1 en Lanús Oeste, Bs As.

Pero en la primera velada del año, realizada el sábado pasado en Neuquén, Castillo arrancó mal de entrada cuando en la balanza se pasó de categoría; no apenas, sino lo suficiente como para que la corona cambie de manos ahí mismo.

Debía dar 63,500 y se excedió en 1,400 kg, porque acusó 64,900, algo que no fue un descuido, un mal cálculo, sino algo alevoso que ya seguramente sabría de antemano, y que le era imposible de cumplir. ¿Nadie se lo advirtió al promotor, ni a las autoridades de la FAB, por simple consideración?
Una falta de respeto a todos, que amerita alguna sanción disciplinaria.

Y pese a que quiso hacer esfuerzos por bajar un poco –al menos, 400 gramos- no pudo, lo cual para colmo le pasó factura a la noche.

Es que el reglamento FAB establece que cuando el campeón se excede en más de 1 kg del límite, no sólo pierde la corona, sino que ésta pasa a manos del retador, sin necesidad de realizarse la pelea, que de hacerse –no hay obligación al respecto-, aunque el retador pierda por KO 1, el título igual permanecerá en sus manos.

Con menos de 1 kg que el campeón se exceda, allí sí el retador deberá vencerlo sobre el ring para hacerse del cetro, caso contrario quedará vacante.

Una regla buena en su espíritu, pero pésimamente instrumentada e inapropiada en lo deportivo, porque estipula el mismo exceso para un crucero que para un mosca, siendo que 1 kg para alguien de 90 es poco, y para uno de 50 es mucho. Debería establecerse un porcentaje.

La cuestión es que más allá de sacarle el título en la balanza, Godoy luego lo superó en el ring, porque Luques Castillo se arrastraba, gordo y mal entrenado. Tanto fue así, que para tomar aire, cada tanto escupía el protector bucal, al punto que el árbitro Rodolfo Stella lo descalificó en el 9º, cansado de la reiteración.

El protector bucal está prohibido arrojarlo deliberadamente, lo cual amerita un descuento de 1 punto. Y de repetirse la acción, descalificar. Pero si éste cae producto de una mano, ni siquiera amerita una advertencia, sino proceder a colocárselo nuevamente y seguir con la lucha como si nada.
Castillo propiciaba su caída poniéndoselo en la punta de la boca, sobresalido, cosa que cualquier mano que pasara cerca se lo volara. Era como si fuese adrede, salvo en algunos pasajes excepcionales que fue producto de mano.

La descalificación puede aplicarse cuando el árbitro lo considere, aunque la lógica indica que si se lo aguantó toda la pelea, no lo haga en el 9º cuando está por terminar, desdibujando el triunfo rival por las tarjetas. No es lo mismo ganar por puntos que por descalificación.

Es más; el reglamento debiera penar esta acción con KOT, no con una descalificación que en el fondo es un premio para aquel que lo usufructúa, que equivale a no querer pelear más.

Stella descontó 1 punto a Castillo en el 5º; en el 6º dejó pasar dos caídas del bucal por considerarlo producto de golpe, y en el vino el absurdo: ¡descontó 2 puntos juntos por esa acción! ¿En qué parte del reglamento argentino dice que hay que descontar 2 puntos en alguna infracción, y menos en esa?

Desde que se modificó el RAB (reglamento argentino de boxeo) en 2001, los descuentos son siempre de a 1 punto, por más que hayan varios, y se lo puede hacer indefinidamente. Antes era 1 en la primera vez, 3 en la segunda, y luego la descalificación automática. Pero lo grave es que nadie se dio cuenta de ese yerro y se lo tomó como válido, con naturalidad, incluso periodísticamente.
Ya había habido una zozobra reglamentaria el viernes en el pesaje, cuando el fiscal FAB desconocía que pasado 1 kg del límite de la categoría la corona cambiaba de manos, y costó hacérselo entender, porque llegó a correr la info de que Godoy debía ganar el título en el ring.

Luego vino este error de Stella, que en el descalificó sin más, cuando podía haberlo hecho antes (en el hubo otra caída del protector sin descuentos), o esperar hasta que termine la lucha, que estaba definida, porque Castillo pedía la hora a gritos y estaba rendido. Una decadencia que suena irreversible.

Todos nosotros somos la crisis. Todos. Porque en cada una de las funciones que nos toca desempeñar, no somos capaces de dar el ejemplo.

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