Todavía no se le pasa la timidez a la Bruja Verón. Es que ya pasaron dos reuniones de comité ejecutivo a las que concurre como flamante presidente de Estudiantes y todavía no abrió la boca más que para decir "buenas tardes". Llega, saluda, se sienta y escucha en silencio todo lo que se dice en la reunión. A la salida, hasta ahora, no aportó consideraciones al ser consultado, como al resto de los dirigentes, por las cuestiones sucedidas puertas adentro. No tiene la arrogancia que supo ostentar en el Mundial de Francia en 1998 cuando parlaba italiano porque no hablaba con la prensa argentina ("¿qué queré, que te hable en inglé?", había desafiado entonces) y por ahora es una figura decorativa en las reuniones, con muchas chances de convertirse en perchero si no mete un cambio de frente.