La llegada de Crismanich al tope del podio confirmando el oro de los Panamericanos de Guadalajara, y la gesta de Federico Molinari de ser el primer finalista argentino en gimnasia artística, fueron dos grandes avances en deportes amateurs.
La deuda Argentina hacia el olimpismo está en el atletismo y la natación. Argentina fue ganador de medallas en la primera mitad del siglo pasado, pero así como otros países fueron masificando la práctica de este tipo de deportes, en Argentina fue perdiendo escenarios.
Los intentos de avanzar en la práctica son individuales de gran sacrificio y si bien el Gobierno aportó con el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) cientos de millones de pesos a los representantes olímpicos, la carencia parece plasmarse en el inicio de los chicos en estos deportes y la falta de continuidad por falta de lugares de entrenamiento en distintos puntos del país.
En los países que crecieron en este tipo de deportes, los niños se vuelcan a ellos en comunas o escuelas y se potencian en el nivel medio y universitario.
La natación también fue olvidando medallas y diplomas y para esta vez hasta clasificaciones para estar en los Juegos. Solo seis nadadores, entre ellas las hermanas Etel y Sofía Sánchez, representantes en nado sincronizado) hicieron marca para estar en Londres y terminaron muy retrasados. Otra baja.
Argentina quedó quinto entre los países latinoamericanos, liderados por Cuba aunque lejos de otros tiempos de fulgor. Brasil, organizador de los juegos de 2016 en Río de Janeiro quedó claramente como el mejor en Sudamérica con 3 oros, 5 platas y 8 bronces, 16 en total. También se ubicaron delante de Argentina, Colombia y México.