En cuanto al último menú seleccionado por cada uno, hay para todos los gustos. Una solitaria aceituna negra, la que se comió Robert Anthony Buell, ejecutado el 24 de septiembre de 2002 tras ocho años de encierro por matar a una niña de 11 años; una sencilla jarra de café para James Rexford Powell, muerto a causa de una inyección letal el 1º de octubre del mismo año -había matado a una niña de 10-; o manjares como el que pidió Peter Miniel, que pasó al otro mundo el 6 de octubre de 2004 después de ingerir: 20 tacos de carne, 20 hamburguesas de carne, una pizza, una porción de pollo frito, fideos condimentados solamente con sal, media torta de chocolate, media de vainilla, un helado de crema con galletitas, un helado de caramelo, una torta de vainilla con frutas, cuatro latas de gaseosa, dos balones de cerveza negra y dos jugos de naranja.
La pizza y las pastas son recurrentes. Jackie Lee Willingham, de 33 años, responsable de la muerte de una mujer de 62, eligió un plato de fetucchinis Alfredo, una pizza chica de pepperoni, bastones rebozados y dos bocaditos de menta. Fue el 24 de julio de 2003 en McAlester, Oklahoma, poco antes de recibir una inyección letal. En el caso de David Leon Woods, la pizza fue estándar, pero de postre recibió una torta de cumpleaños. Era el 4 de mayo de 2007, ponía fin a 22 años de cárcel en Michigan, Indiana, y la inyección lo castigó por matar a un anciano de 77.