El proyecto comenzó en 2012, a partir de una iniciativa de Pablo Naya, propietario de un concesionario automotriz, en sociedad con otros inversionistas. Más allá de la recepción a nivel local, se apunta a que buena parte de la producción sea exportada; ya mostraron interés en adquirirlo en Chile, Brasil y México.
El auto eléctrico matancero cuenta con una autonomía de 120 kilómetros, y la recarga de las baterías requiere enchufarlo a un toma doméstico entre 5 y 7 horas.
Su velocidad máxima es de 45 kilómetros y puede transportar 2 personas. Sus dimensiones son 2,35 metros de largo, 1,32 metros de ancho y 1,56 metros de alto. Pesa 448 kilos con baterías y 343 sin ellas.
Las restricciones existentes a las importaciones durante el desarrollo del proyecto obligó a buscar autopartistas nacionales, que en algunos casos, debieron construir piezas exclusivas para el vehículo.
De esa manera se logró que el 85 por ciento sean argentinas; son importados el motor, el controlador y el diferencial, que no se producen en nuestro país.
Como todo vehículo eléctrico, es ecológico, ya que no emite gases, silencioso y sencillo de conducir: para avanzar hay que presionar un pedal y tiene otro para retroceder, ya que carece de caja de cambios.