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26 de enero 2017 - 07:10
Amores, familias e ilusiones en La Plaza de los Suspiros
Con un diseño en forma de nave y una construcción realizada en granito y cemento, los genoveses les dieron lugar a miles de vivencias en el espacio que tiene su nombre confirmado desde hace 17 años.

El barrio de La Boca tiene en su corazón miles de historias, de recuerdos y de sucesos que lo transforman en uno de los más pintorescos de la Capital Federal. Uno de los lugares que hacen las delicias de los turistas, y que es un orgullo de los vecinos, es la Plazoleta de los Suspiros. Ubicada en la Vuelta de Rocha, casi en la margen del Riachuelo, fue bautizada con ese nombre ya que en los años de la masa inmigratoria que pobló el barrio, éste era el lugar donde acudían los genoveses para recibir noticias de sus pueblos o de sus familiares que habían decidido subirse a un barco para cruzar el océano y buscar un futuro mejor en este lado del mundo. Antonio Bucich, en su libro Origen y Evolución de la Nomenclatura Boquense, señaló en su obra que la presencia de los habitantes en la Plazoleta motivaba suspiros de dolor, resignación o tristeza antes las noticias que no eran buenas, por lo que de allí deriva su nombre actual.

Otra de las historias que se tejió en torno a su nombre, tiene que ver con que los marineros que se sentaban en lo que es hoy la Plazoleta, se quedaban hasta altas horas recordando sus andanzas por lo que suspiraban por aquellos buenos momentos. Este nombre comenzó siendo de arraigo popular pero con el correr de los años se hizo famosa y en el año 2000 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la aprobó en forma oficial con la sanción de la Ley Nº 405.

Una de las características de la plazoleta es que tiene forma de nave y su construcción fue realizada en granito y cemento. Tiene en el centro un mástil de barco que perteneció al buque de transporte "Chaco" al cual con los años se le fueron colocando una serie de placas conmemorativas entre las que se encuentran un ancla, un grampín, una campana y un busto del Almirante Guillermo Brown. Después de varios años en los que la Plazoleta no recibió restauración, fue en 2004 cuando el Gobierno de la Ciudad decidió reacondicionarla y reconstruyó el monolito y el banco circular. Por otra parte se completó el tramo de eslinga con prensacables y poleas; se repusieron los bancos de plaza manteniendo el diseño original, y el púlpito y se recicló el mástil y el cañón.

En 2004 fueron los vecinos los que se unieron y decidieron presentar un proyecto para que se reconstruyera la plaza y que después el Gobierno terminó haciendo efectiva. Ese proyecto que llevó el nombre de "Puesta en Valor y el Pliego de Especificaciones Técnicas" tuvo como base para armar lo que hoy es la Plazoleta una serie de documentos basados en los estudios efectuados en el sitio por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

Los marineros, pilares de las conquistas
Una de las particularidades de aquellos marineros que pasaron por la plaza y que le dieron el nombre que hoy lleva es la del padre de Quinquela Martín. Para resumir esta historia hay que remontarse a aquellos años de un puerto en ebullición, con talleres enormes y grandes depósitos. Fue a fines del siglo XIX y principios del XX cuando aquellos inmigrantes iban a la plazoleta y entre los que se encontraba el genovés Manuel Chinchella, padre del reconocido artista que pintó La Boca como nadie, también formó parte de aquellos hombres que sin saberlo con el correr de los años hicieron la historia del barrio. "La Boca es un invento mío", solía decir Quinquela y esta historia que unió a su padre con la Plazoleta, parece darle la razón.
La Vuelta de Rocha es el lugar donde está la Plazoleta y sin dudas es uno de los emblemas del barrio. En ese lugar en los siglos XVII y XVIII, desde lo alto de la barranca en Plaza de Mayo, se distinguía mirando al sur un revuelto conjunto de mástiles de veleros que armaban el puerto natural y le daban pintura al centro del barrio de La Boca. En las primeras décadas del siglo pasado, hasta ese lugar llegaba un ramal del ferrocarril que luego dio origen a lo que hoy es "Caminito", donde se concentraba la actividad productiva y residencial. Fue en ese lugar donde el Almirante Brown instaló su maestranza denominada "Arsenal del Riachuelo", para recurrir a los carpinteros de la ribera y quienes lo ayudaban para arreglar sus barcos. En medio de todo ese tráfico de barcos, de obreros y de marineros, se armó la plazoleta por pedido expreso de los hermanos Cárrega que con el correr del tiempo terminó siendo un lugar histórico.