ver más
16 de marzo 2017 - 01:00
La Boca y Barracas entre amores, misterios y policiales
Décadas atrás, diferentes vecinos hicieron del final de sus vidas historias que generan curiosidad en varios rincones y hay creados hasta recorridos turísticos para conocer los diferentes detalles.

La “Misteriosa Buenos Aires” de Manuel Mujica Láinez, el clásico libro de relatos que abarca la historia de la ciudad hasta 1904 fecha de su publicación-, se quedaría corto a la hora de retratar la increíble cantidad de casos de índole sobrenatural que afectan a los barrios porteños.

En el Sur de la ciudad, una zona de increíbles historias, no son pocos los relatos que han quedado inconclusos a raíz de la muerte de alguno de sus protagonistas que, según dicen, siguen buscando la redención.

Las aguas del Río de la Plata tienen la trágica historia de amor de Elisa Brown, hija del almirante Guillermo. Según el mito, ella decidió quitarse la vida en la zona de La Boca después de enterarse de la muerte en alta mar de su novio, el capitán escocés Francis Drummond. Así, La Novia de Arena aún aparece en la ribera boquense.

A pocos metros se encuentra uno de los relatos más famosos de La Boca, el de la famosa Torre Fantasma, un clásico edificio que se encuentra ubicado en la esquina de las calles Almirante Brown Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós.

La torre fue ocupada por una artista plástica llamada Clementina que había llegado de Venado Tuerto. Pero, durante una fiesta, la joven pasó corriendo entre los presentes en medio de un griterío y se arrojó al vacío; aunque otras versiones hablan de un disparo auto infligido.

Una periodista que había sido testigo del gran progreso en las habilidades de la fallecida, hizo revelar una serie de fotografías que había tomado de sus pinturas algunos días atrás y quedó estupefacta ante el resultado ya que en las mismas se podía ver a tres hombrecillos, similares a los duendes.

Intrigada por el curso que habían tomado los acontecimientos, la periodista decidió buscar a la antigua dueña y la ubicó en su estancia de la localidad de Rauch.

La mujer le contó una leyenda que dice que los bosques de los Pirineos están habitados por pequeños seres llamados Follets que viven en los hongos de la región, de los cuales hay especies tanto comestibles como alucinógenas.

“Eleonora” nunca pudo llegar a una conclusión final sobre el destino de Clementina, así como tampoco divulgó las imágenes que había tomado de las pinturas pero la leyenda urbana perduró y fue creciendo con el tiempo hasta hacer que la gente que pasaba por la lujosa vivienda se persignase ante la misma.

Otro edificio emblemático de la Comuna 4 está en Barracas, a pocos de metros de la ex Casa Cuna y es La Casa de los Leones, en la avenida Montes de Oca al 100, también envuelta en una trágica historia de amor.

A pocas cuadras, hace 62 años, en el edificio de Montes de Oca al 280, se produjo un policial que quedaría en la historia cuando el descuartizador Jorge Burgos cortó a su novia Alicia Metidor en 300 pedazos. Curiosamente, Burgos habría sido compañero de juegos infantiles de la famosa envenenadora Yiya Murano.

Las rejas del amor y los bancos del odio

Otro de los lugares de visita obligatoria para los amantes de lo sobrenatural es la iglesia Santa Felicitas, en Barracas, bautizada así en honor a Felicitas Guerrero, una joven nacida en 1846 que tuvo una vida por demás trágica..Obligada por su padre a contraer nupcias a los 18 años con el rico hacendado Martín Gregorio Álzaga (nieto del último alcalde realista de la ciudad de Buenos Aires), de 50 años, Felicitas no tuvo incidencia en la elección de su destino.

La pareja se casó el 2 de junio de 1864 y en 1866 tuvieron a Félix, quien falleció con tan sólo tres años, víctima de la fiebre amarilla. Para colmo de males, en marzo de 1970, murí Álzaga; y un día después de enviudar Felicitas, perdió a su segundo hijo, recién nacido.

Convertida en una viuda joven y rica, Felicitas era una de las mujeres más deseadas de su época. Sin embargo, el amor le llegaría de la forma menos imaginada: en un viaje que hizo a la localidad de Madariaga, la joven se vio sorprendida por una tormenta de la que pudo guarecerse gracias a la gentileza de Samuel Sáenz Valiente, un terrateniente local.

Pero, a punto de anunciar su compromiso con este nuevo pretendiente, la joven fue asesinada por Enrique Ocampo, un hombre que la había cortejado por un largo tiempo. Tras una larga agonía, la joven murió el 30 de enero de 1876.

En el lugar de su muerte, se construyó la iglesia Santa Felicitas, ubicada en la actualidad en Isabel La Católica al 500, en Barracas. Los visitantes aseguran que aún se escuchan los pasos de Felicitas, penando por su trágico destino. Otras voces dicen que quien toca las rejas de la Iglesia encuentra el amor de su vida o lo conserva por siempre si ya lo tiene.