"Mis trabajos fueron en el ramo familiar al principio. Primero, en la florería. Luego, pizzería con mis tíos y después llegaron las obras, casi recibido de arquitecto y siempre interesado en investigar las casas antiguas de la Boca y Barracas. Me metía en casas abandonadas con mis amigos como travesura, mientras ellos gomera en mano rompían vidrios o molestaban pajaritos yo recorría esas maravillas. Me fascinaba la arquitectura fabril ya abandonada, los negocios con sus persianas oxidadas que pedían a gritos una cálida mano que las vuelva a la vida", recuerda.
"Además -prosigue- loco por la historia y los libros comencé a temprana edad a coleccionar fotos, postales, de edificios y de nuestros barrios. En fin, era un adelantado a mis años, creo. Observando y comparando, entendí aquello que los libros no te muestran, y junto al Tano José, un empleado de mi papá, siciliano y calentón, aprendí el noble oficio del albañil. Siempre estábamos en obras. No me puedo quejar, hoy sería una pasantía rentada", ríe.
"Luego me tomaron en Indaltec, la empresa donde trabajo. Siempre sin irme del barrio, construí y remodelé varios centros de salud en Barracas, Pompeya y Parque de los Patricios. Y varios trabajos en el Hospital Penna, que es como mi segunda casa. Además, en la actualidad doy clases en la facultad de Arquitectura, en la cátedra de Historia de la arquitectura argentina', añade.
"Por último, al asociarse la empresa con Planobra, solicité que me transfirieran al área de espacios verdes que recién se abría. Era el momento de retornar a lo verde y aquí estamos. Es una inmensa alegría trabajar en mi barrio, en las plazas donde jugué, donde estuve de la mano con mi mamá. Muy movilizador".