Los resultados no se hicieron esperar. Las bogas, como estábamos en bajante, manifestaban su pique con dos toques y un brusco afloje de línea, momento en el cual recogíamos velozmente hasta tensar y clavábamos la pieza. Los ejemplares de entrada eran de 1,5 kilo, pero con el correr de los minutos, acaso por la ceba que se va produciendo en cada tiro al dejar restos de masa en el fondo, se activaron las grandes de verdad, logrando ejemplares de 2 a 2,5 kilos, en tal abundancia, que por momentos todos teníamos piezas clavadas y no había quién hiciera las fotografías.
La pasta WM rindió cuatro a uno con respecto a los demás cebos, pero todos tuvieron fantásticos resultados, redondeando en apenas dos horas más de treinta ejemplares de excelente tamaño. Ya despidiéndonos, podemos decirles que así como siempre recomendamos pescar y devolver, en este caso cuidemos también el recurso, llevando algún ejemplar para consumo personal si es de nuestro agrado, pero evitando masacres innecesarias “para regalar a fulano o mengano”, como suelen hacer los malos deportistas.
Tras estas hermosas emociones vividas, comenzó la creciente y se activaron los dorados. Pero eso se lo vamos a contar más adelante. Vaya a Berisso y disfrute.