De hecho, en el país del norte, los especialistas, promotores, popes boxísticos y prensa, ya lo bautizaron como "El Nuevo Pacquiao", y hasta se lo asocia como posible rival de Floyd Mayweather, a futuro.
Todos quedaron boquiabiertos con la aplastante trituración que hizo del campeón FIB, considerado además uno de los mejores 63,500 kg del momento, vencedor de un top ten libra por libra como el inglés Amir Khan, aunque no estaban en juego los títulos que ambos ostentan, superligero interino CMB por un lado y FIB por el otro, respectivamente.
El propio Danny García, poseedor del unificado CMB/AMB, que miraba desde el ring side y Matthysse señaló como diciendo "el próximo sos vos", tampoco pudo disimular su asombro, mientras asentía con la cabeza obnubilado, casi obediente a la seña del argentino, en inequívoco gesto de respeto –algunos podrían pensar que de miedo-.
Su victoria, por la forma, supera con creces las faenas juntas de Maravilla ante JC Chávez Jr y Martin Murray, comparaciones que no van en detrimento del quilmeño, quien en su momento se ganó estos mismos galones a expensas del propio Carlos Monzón -cuando noqueó espectacularmente a Paul Williams y derrotó a Kelly Pavlik en 2010-, sino más que nada, de la gilada.
¿Se lo reconocen? ¿Cosechó las siembras que propició Martínez, según la esperanza de los nostálgicos e ilusos? Por lo pronto, midió un promedio de 3 en la TV Pública, con picos de 6 ó 7 –seguramente-, ya que su pelea se la promedió con la de Devon Alexander que vino después y le bajó el rating-. Buen número para la emisora oficial, cuya programación oscila entre los 2,50, pero lejísimos de los más de 30 que midió Maravilla-Murray. Ese dato, sencillamente, acomoda la realidad.
Sucede que Matthysse no habla. No es mediático, responde seco y cortante, no tiene sentido del show, y no sólo no exagera, sino que esconde. Su versión oral es más lavada que los dólares de Fariña, y seduce menos que la humedad en verano. Es decir, un combo opuesto al que sacó al propio Maravilla del anonimato, y que le dio fama cuando su mejor época sobre el ring ya había pasado.
La mezquindad de espacio que sufrimos los cronistas de boxeo tras su triunfo, también es termómetro de la poca repercusión mediática, aunque algún día de pronto "lo descubran" y nos vengan a avisar ellos de que hay un tal Matthysse que parece bueno.
Pero el Lucas de hoy, no es el de ayer, al que le faltaban 5 pa'l peso y perdía las que tenía que ganar.
METAMORFOSIS
Aquel buen boxeador pero inexpresivo, tirando a "amargo", hoy es "sweet". Aquel "pecho frío", hoy es "el hombre de hielo", que no se inmuta aunque tenga un león enfrente y lo ejecuta como a una hormiga. Aquel que de amateur ni fue a los JJOO porque perdió su lugar sin pena ni gloria ante El Chino Maidana en una eliminatoria a puertas cerradas en la FAB, donde sobró respeto y ganó el Chino por más "personalidad", hoy lo devastaría en 2 vueltas.
Nunca fue un noqueador, aunque ganara así. El que pegaba era su hermano mayor –Walter-, que tenía la patada de una mula en la derecha. Éste era "el bueno", "el técnico". Hoy parece Tyson a su lado, pero como si Tyson peleara contra un mosca. ¿Qué le pasó? ¿Qué fue lo que cambió en él y lo vigorizó?
El cambio se produjo a partir de su pelea ante "La Cobrita" Soto en junio de 2012, al año de perder por puntos ante Devon Alexander –había ganado y lo robaron-. Previo a eso -7 meses antes-, similar le había pasado ante Zab Judah, en sendas derrotas donde entrenó en Oxnard, el campamento de Maravilla, bajo estrategia y supervisión primero de Gabriel y luego de Pablo Sarmiento.
Allí hizo un click. Pero coincidió con dos hechos que tal vez también repercutieron a favor: 1) la separación de su ex, madre de su hijita -a quien ama con locura y destina todo su esfuerzo- 2) la inclusión en el equipo del profe Gerardo Pereyra, que lo contiene.
Así y todo, no lo imaginamos haciendo stand up, ni bailando por un sueño. Y en un mano a mano con Fantino, duraría menos que sus rivales en el ring, con lo cual, para nosotros (los monos), siempre parecerá menos de lo que es.