“No traten de hacer que India vuelva al oscurantismo”, lanzó Sanal Edamaruku a sus detractores en un debate de televisión.
Uno de ellos es Joseph Días, secretario general del foro secular católico-cristiano, que le atribuye “un prejuicio encarnizadamente anticristiano”.
En un comunicado, Días desmiente que el escape de agua del calvario haya sido presentado como un milagro divino pero al mismo tiempo refuta la teoría de Edamaruku.
Un delito
Oficialmente, India es un país laico, pero la blasfemia sigue siendo un delito castigado por la ley en este inmenso país de mayoría hindú, compuesto de importantes minorías étnicas y religiosas (budistas, cristianos y musulmanes).
La ley india prohíbe “los actos deliberados y malintencionados destinados a ultrajar los sentimientos religiosos de una comunidad, insultando su religión o sus creencias”.
Escudándose en el derecho a la libertad de expresión, los abogados de Sanal Edamaruku quieren recurrir al Tribunal Supremo para que se pronuncie sobre esta disposición del Código Penal que data de la época colonial.
Sanal Edamaruku compara la reacción de los católicos indios con la de los “fundamentalistas islámicos”, que habían emitido una fetua, condenando a muerte al escritor Salman Rushdie después de la publicación de los Versos Satánicos en 1988.