Allí la cosa siguió en los kayacs, donde llevamos una buena provisión de agua, cajas con señuelos, y algunas líneas de boyas plop.
El agua turbia, color "chocolate", hizo que la acción de los señuelos no tentara a las tarus. La cosa fue my distinta cuando pasamos a las boyas plop: enseguida las taruchas se prendieron a los trozos de anguila que usamos de carnada, brindándonos peleas magníficas con equipos livianos. En mi caso usé caña Gozio de 5,6" con reel Quantum de bait cast. A ese pequeño equipo le monté una línea de boya plop de 1 metro de profundidad, que mediante nudos corredizos pude hacer trabajar a distintas profundidades.
Los kayaks nos permitían lograr dos o tres capturas y movernos buscando pique. Sencillamente la experiencia de pescar así es maravillosa, aunque requiere cierto desgaste físico que pasa factura al final de la jornada.
Todos logramos tarariras de 2 a 3 kilos, salvo Facundo Pujol que insistió a muerte con los muñecos sin lograr resultados mas allá de un par de ataques a un spinner bait. En una suerte de spinning con carnada, a un spinner bait sin flecos le agregué un pedacito de anguila y allí concreté una captura importante, pero luego volví al sistema clásico de boya plop.
Tan entusiasmados estábamos pescando tarus grandes que dejamos pasar la hora del almuerzo y volvimos directamente cerca de las cuatro de la tarde a la bella playita donde dejamos el semirrígido a buen cuidado del ayudante del guía. Tras el almuerzo, disfrutamos una horita de playa viendo aterrizar hidroplanos y gente haciendo ski acuático, y ya frescos y contentos por la pesca vivida, volvimos a puerto por río abierto, notando nuevamente que la navegación en gomón es magnífica a tal punto que nos echamos una pequeña siestita a bordo.
Vale la pena aprovechar el mes y pico de calor veraniego restante para divertirse con las últimas taruchas de la temporada. No se va a arrepentir.