Este pueblito, en rigor apenas un caserío, tiene un camping en donde Marito cruza gente a las islas con su lancha tipo trucker. Así, el grupo cargó los bártulos y abundante provisión de líquido, y en 15 minutos se encontraba en la orilla opuesta en una costa amplia y sin yuyales, ideal para caminarla buscando pique. Marito les había mencionado una salida de aguas negra que resultó muy rendidora a la postre. Así, armaron una carpa con sombra, y todo el grupo se dedicó a tirar señuelos al agua. Los piques no tardaron: los dorados pasaban por rachas y tomaban los señuelos con ganas. Hugo, un debutante en spinning, logró varios ejemplares entre 2 y 4 kilos. Y al final de la jornada redondearon 10 piezas fuera del agua y otros tantos piques errados. La yapa vino al regreso, pues Marito los buscó un rato antes y los invitó a pescar desde la lancha, logrado varios dorados más.