El presidente conservador Michel Temer apareció retratado como un vampiro corrupto y el alcalde evangélico de Río, Marcelo Crivella, también fue atacado con el color y la alegría de las escuelas de samba.

La superestrella drag queen Pablo Vittar fue uno de los principales atractivos ayer en el segundo día de desfiles del Sambódromo de Río de Janeiro, que este año desempolvó su lado más político para criticar la corrupción y la ola conservadora en Brasil.

La despampanante cantante de larga melena rubia levantó la bandera contra la intolerancia LGBT en el desfile de Beija-Flor, siguiendo la tónica reivindicativa de las presentaciones del domingo.

“Tengo una emoción muy grande porque amo mucho el Sambódromo, forma parte de mi infancia. Estoy realizando un sueño”, dijo la artista de 23 años al entrar la madrugada del domingo en uno de los camarotes VIP del Sambódromo.

Lo cierto es que entre plumas, lentejuelas y bailes sensuales, el “mayor espectáculo de la tierra” expuso buenas dosis de crítica política en su noche de estreno.

El presidente conservador Michel Temer apareció retratado como un vampiro corrupto por Paraiso de Tuiuti, y Mangueira, una de las escuelas más tradicionales, lanzó varios dardos contra el alcalde evangélico de Río, Marcelo Crivella, a quien acusa querer aguar esta fiesta de excesos por sus convicciones religiosas.

El ex obispo, que cortó a la mitad las subvenciones para el desfile justificándose en la crisis financiera de la ciudad, se fue de viaje oficial a Europa y ninguneó por segundo año consecutivo el famoso espectáculo, siendo el primer edil en faltar a la cita desde que la pasarela se inauguró en 1984.

“Alcalde, pecado es no divertirse en Carnaval”, le espetó Mangueira en uno de sus carros alegóricos, donde Crivella era un espantapájaros con una soga al cuello simulando un judas, el muñeco de trapo que se hostiga en Semana Santa en algunas fiestas populares.

La misma noche del domingo, en uno de los “blocos” callejeros más alocados de Río, cientos de personas hicieron una comparsa dentro del céntrico aeropuerto Santos Dumont gritando al unísono dos de las consignas más repetidas en este carnaval: “íFora Temer’! y “íFora Crivella!”.

Además de atraer a 1,5 millones de turistas y de generar más de 1.000 millones de dólares para esta ciudad prácticamente en bancarrota, el Carnaval da una tregua a las tragedias cotidianas de Río, sumida en una crisis económica y de violencia.

“La gente necesita estas fantasías. Es como si durante el Carnaval todos tomáramos una anestesia”, dijo el fisioterapeuta Marcio de Castro, de 53 años, mientras se preparaba para desfilar el domingo con Sao Clemente.

Otra buena noticia de la primera noche de desfiles es que culminó sin tener que lamentar incidentes.

Después de los dos accidentes del año anterior, este año hay mayores controles de seguridad: los conductores de los gigantescos carros alegóricos deben pasar tests de alcoholemia antes de entrar en la Avenida Marqués de Sapucaí y el inicio de la pista se restringió exclusivamente a las escuelas y fotógrafos.

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