Para nuestra sorpresa, no sólo de pejes se nutrió la cosa. Más allá de algún bagre lagunero, salieron un par de carpitas menores entre a cionados que las tentaron con masa, y en horas de la tarde dos taruchitas de un kilo se colaron entre los pejes, demostrando que la especie comienza a recuperarse en este ámbito donde -lamentablemente- seguimos teniendo noticias de furtivismo ocasional, sobre todo en el arroyo Girado.
Las bondades ya descriptas de un predio apacible permitieron hacer un alto en horas del mediodía para disfrutar de un buen asado, y por la tarde siguió la buena pesca, acentuándose en las últimas horas de sol, donde el peje volvió a activarse. Prometiéndonos volver a relevar el espejo de embarcados, nos fuimos felices de ver que Chascomús tiene y entretiene, sin grandes pretensiones de tamaño. Lo cierto es que, seleccionando las piezas, podemos extraerle una digna cuota y disfrutar de las bondades de la pesca en una ciudad con todos los servicios para el pescador deportivo y su familia.