En medio de la discusión, los bomberos optaron por retirarse, aunque a los pocos minutos fue la policía la que requirió la presencia de la ambulancia porque la situación de la joven se había agravado. No obstante, cuando llegó por segunda vez la ambulancia, la joven ya se había calmado. Esa situación pacífica duró sólo hasta que la chica fue subida a la ambulancia, ya que de nuevo comenzó a incurrir en una conducta extraña y violenta. "La joven comenzó a hacer sonidos guturales y saltaba de la camilla, hablaba y se contestaba ella misma, cambiaba su voz a una gruesa y ronca que nos estremecía a todos', según relató uno de los socorristas. "Entre cuatro personas apenas podíamos sujetarla en la camilla, su fuerza era descomunal, nunca nos había pasado algo similar', confió un bombero. Una vez que la menor fue llevada al Hospital de Añatuya, médicos del centro asistencial, en un escueto comunicado, comunicaron que la adolescente llegó "alterada", por lo que "se le suministró calmante" y quedó "en observación". Pastores evangélicos acudieron al hospital a pedido de algunos vecinos y, mientras se mostraron prudentes en hacer declaraciones, se limitaron a pedir a los habitantes de la localidad que "oren para que cualquiera anormalidad que se haya apoderado del cuerpo de esta joven se aleje inmediatamente".