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06 de noviembre 2011 - 22:30
El pan nuestro de cada día
Su nombre significa todo, como el amor, la paz, la vida o la muerte. Pan es sinónimo de alimento, trabajo, sustento, la vida misma. Es simple: harina, agua y no siempre levadura. A veces con sal y otras no. Jesús lo multiplicó y lo repartió entre sus apóstoles. Se come en todo el mundo y está en las mesas más humildes o las de mayor alcurnia.
 El placer que se siente al sacar del horno un pan amasado por nuestras propias manos es una sensación incomparable. Eso, sumado al olorcito a pan casero y a la expectativa que genera en la familia, constituye uno de los grandes “pequeños placeres de la vida”.

Muchos nunca lo han intentado por creer que se trata de una tarea ardua, engorrosa y que requiere de una mano experta. Sin embargo, es mucho más sencillo de lo que se piensa y cualquier persona, con ganas y un poco de tiempo, lo puede intentar siguiendo el paso a paso de la receta que le brindamos a continuación.

Un pan delicioso y muy nutritivo, especial para acompañar el desayuno con queso o mermelada, o incluir en el almuerzo con un sandwich diferente. Este es el detalle para preparar un exquisito pan integral con semillas:

Ingredientes
Para un pan grande o dos panes chicos: 200 gramos de harina 000, 200 grs. de harina integral extra fina, 2 cucharadas de aceite de girasol, 30 grs. de levadura de cerveza fresca (o 1 sobrecito de levadura seca), 1 cucharada de sal, 1 cucharada de semillas de sésamo, 1 cucharada de semillas de girasol, 1 cucharada de semillas de lino, mix de semillas para decorar (cantidad necesaria), agua tibia (cantidad necesaria).

Preparación
Tostar las semillas en una sartén seca, cuidando que no se quemen. Luego procesarlas o molerlas.
En un bol pequeño hacer un fermento previo mezclando la levadura desgranada junto con una cucharada de la harina integral y un poco de agua tibia. Dejar fermentar unos 10 minutos en un lugar tibio o hasta que llegue al borde del recipiente.

 Mientras tanto, mezclar en un bol las harinas junto con las semillas molidas y la sal (si se utiliza levadura instantánea, agregarla también).

Hacer un hueco en el centro e incorporar el aceite, el fermento (si se utilizó levadura fresca), e ir agregando agua tibia de a poco, uniendo todos los ingredientes.

Amasar hasta formar un bollo liso y elástico. Dejarlo leudar en un lugar tibio durante 30 minutos.
Desgasificar la masa (aplastarla sobre la mesada) y enrollarla, comprimiendo muy bien en cada vuelta. Pasar el lado superior de la masa por un cuenco con agua tibia con sal y luego por una placa con el mix de semillas, presionando muy bien.

Colocar la masa en un molde previamente aceitado y dejar leudar hasta que duplique su volumen.

 Precalentar el horno y cocinar el pan a temperatura media hasta que esté cocido. Unos 40 minutos para el pan grande, y unos 30 minutos para los panes chicos, siempre dependiendo de cada horno.

Sólo es cuestión de poner manos a la obra y deleitar a la familia con un exquisito pan casero.
Cuando uno sale a trabajar lo que hace es salir a ganarse el pan. Nada es más sagrado que el pan que se lleva a la familia, especialmente a los hijos.

El pan caliente, recién salido del horno, es uno de los manjares que empiezan a celebrarse cuando se es niño y debe ser uno de los pocos placeres que el hombre mantiene a lo largo de su vida. Que algo se venda como pan caliente significa que se vende rápidamente y es comprado con placer. Ser “un pan de Dios” es el calificativo más alto que se puede aplicar a una persona bondadosa y querible. El pan define todo lo bueno. La expresión de que algo es “un pan amargo” define a algo demasiado terrible y malo, imposible de tragar.