El término “salsa” proviene del latín “salsus” que significa “salado”. Según el Diccionario de Alimentación, Gastronomía y Enología española y latinoamericana, de Ginés Vivancos, se denomina salsa a “una mezcla de distintas sustancias desleídas que se emplea para guisar, acompañar y aderezar las comidas. Sin ellas, no sería posible una cocina digna de ese nombre”.
De acuerdo a esta definición, las salsas pueden tener una textura que oscila entre semilíquida a espesa. Además, pueden ser frías (como el pesto para acompañar pastas o las vinagretas que se usan más en ensaladas) o calientes (que son la mayoría y que pueden acompañar tanto
pastas como platos con carnes).
No se puede hablar de pasta italiana sin hablar de la salsa. Cada región tiene su especialidad, como la pasta con calamares de la región de El Veneto, el ragú a la bolognesa que acompaña a las pastas de la Emilia Romagna, las pastas a las hierbas de El Lazio, y las pastas coloridas, repletas de verduras y aceite de oliva, de la región de La Puglia, al Sur de Italia, de donde es oriundo Donato de Santis.
El famoso cocinero insiste en recalcar la importancia de la calidad de los ingredientes. Si la salsa es de tomates, que los tomates sean frescos, bien rojos, turgentes y en su punto justo: ni muy blandos y tampoco duros. Y si la salsa lleva hierbas aromáticas, que éstas sean frescas y, dentro
de lo posible, recién sacadas de la huerta. Este tipo de detalles hacen una gran diferencia.
Otra cosa que se ha perdido con el tiempo es la costumbre de elaborar la pasta en casa. En esta nota, Donato nos ofrece una receta muy fácil para hacer orecchiette en casa y acompañarlos con dos salsas diferentes como una salsa de zapallo y salvia y otra salsa de pomodoro. Y así como una canción dice en su estribillo que el cuerpo pide salsa, la pasta también pide salsa. ¡Y cómo!.