Es un plato que, como muchos, nació a partir de la necesidad y de la disponibilidad de productos de una región determinada, en este caso, como alimento de los marineros que buscaban reponer sus energías después de una intensa jornada de trabajo. Con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una receta típica y representativa de una cultura, combinando sabiamente productos del mar, como pescados azules y blancos, con productos de la tierra.
La caldeirada tiene variantes en otras regiones. Una de ellas es la caldereta asturiana, que incluye pescados y mariscos, morrones, cebollas, tomates, perejil y ajo. También se le suele agregar vino y jugo de limón. Otra variante es la caldeirada de peixe portuguesa, de origen similar a la gallega, sin olvidar la zuppa di pesce italiana, o la bouillabaise francesa, con una amplia variedad de pescados. Sin embargo, la característica que la distingue de otras preparaciones similares es la mencionada “ajada”, conocida internacionalmente como “salsa gallega”.
A los argentinos nos cuesta cocinar con pescado. Primero por la tradición tan arraigada de la carne y el asado. Y luego por su extendida mala fama: que si no está fresco, que si da alergia... Sin embargo, esta costumbre está cambiando y cada vez son más los que se acercan a la pescadería en busca de nuevos sabores. La caldeirada, en ese sentido, es un plato ideal para aquellas personas que no se animan a cocinar con pescados por falta de experiencia o de costumbre, pero que quieren empezar a hacerlo. Su procedimiento es muy sencillo, la cocción, muy rápida, y el resultado, sencillamente delicioso.