-Sí, yo creo que es un momento donde la gente se da cuenta que le podemos sacar mucho provecho a la comida si la cocinamos nosotros, aparte de que su valor nutricional no se puede
comparar con el que uno compra. Es mucho más rendidora y aparte es como que nos cuidamos más cuando cocinamos nosotros.
¿Cómo podemos hacer para mejorar los hábitos de la alimentación de los chicos?
-El primer tema es el azúcar. Buscar alternativas a las gaseosas en los jugos naturales o en los licuados. Después, cambiar el azúcar blanca por azúcar integral, que eso es un cambio que ni lo notan. E insistir con el tema de los vegetales aunque no les gusten. Porque hoy no les gusta, pero mañana sí.
La palatabilidad de los chicos va creciendo con ellos. Así que hay que ir probando. Es difícil...
-Pero no imposible. Una cosa que descubrimos en el mercado es que cuando los chicos ponen las manos en la huerta, ven cómo crece el vegetal y uno después lo saca, ¡lo comen con un gusto! Porque lo vieron crecer. Mi nene no comía verduras de hoja y ahora que tengo acelga y lechuga en la terraza de mi casa, las come con placer.
¿Cómo podemos hacer una merienda saludable?
-Reemplazando las galletitas tradicionales por galletitas de algarroba, que es una harina que simula al chocolate y aporta hierro y calcio, o de harina integral o de avena. Podemos preparar
la leche con cacao amargo y endulzarlo con azúcar integral. Otra forma es preparar milk shake con yogurt de frutilla o vainilla licuado con frutas mixtas y agregarle una cucharadita de avena instantánea.
¿Y para reemplazar las golosinas?
-Son muy buenas las opciones que ofrecen las dietéticas como las barritas de cereal caseras, granolas (mezclas de granos y miel con las que podemos armar bolsitas tipo garrapiñadas para los recreos), pipas de girasol, mix de almendras, nueces y avellanas.