Los chorizos son los embutidos más comunes y que más se estilan hacer a la parrilla, además de los preferidos por todos. Se sugiere que los chorizos de puro cerdo son los de mejor calidad, mientras que los que son de mezcla (cerdo y carne vacuna) se consideran que contienen más grasa que los otros.
Debemos elegir aquellos que estén preparados con carne con un picado grueso o intermedio y no con carne molida.
Básicamente, las grasas saturadas aumentan el colesterol LDL (conocido como malo), mientras que las monoinsaturadas bajan en LDL sin efectos sobre el HDL.
Los polinsaturados bajan el LDL, y tienen un efecto antitrombótico en la sangre, ya que bajan arritmias, el riesgo de trombosis, bajan triglicéridos, la tasa de crecimiento de placa de ateroma, y desciende levemente la presión arterial.
Ahora bien, aparece también la duda en la gente -sobre todo en los mayores- acerca de la utilización del carbón en las comidas asadas, y su incidencia en enfermedades cancerígenas.
Existe el mito de que el exceso de carbón o de producto quemado en las carnes, sea cual fuere, produce cáncer de estómago. En cuanto a los cortes que recomiendan elegir se encuentran aquellos con poca grasa, por ejemplo, el pollo es siempre mejor cocinarlo sin piel, porque tiene muy buena cantidad de ácidos grasos polinsaturados; en el caso de los pescados grasos como sardina, caballa, palometa, chicharro, atún, bonito del Norte, salmón, anguila y pez espada, lo mejor es que sean al natural y no al aceite y, en la medida de lo posible, no enlatados.
Los pescados magros -merluza, lenguado, bacalao, cazón- también son una buena opción para reemplazar la carne de vaca o de pollo para tener una alimentación más variada.
Por Mariela Delay