Muchas salsas llevan crema entre sus componentes, como la salsa parisienne
(una verdadera delicia), la salsa cuatro quesos (contundente como pocas, riquísima, pero para comer sólo de vez en cuando) o la salsa con crema y verdeo. En estos casos, siempre conviene agregar la crema a último momento para no dejarla hervir demasiado. Si esto sucede, la crema altera sus propiedades y la salsa resultará pesada, además de que se corre el riesgo de que se corte.
Adrián Mazzeo, un verdadero experto en pastas (es el chef de la cadena La Juvenil y el autor de las recetas de esta nota), tiene algunos consejos para darnos: “A un relleno fuerte de pollo, jamón y provolone no le agregaría una salsa bolognesa ni un tuco casero. Lo haría con algo más liviano: con una fileto, una salsa scarparo, e incluso cortarlo con un poquito de crema”, sugiere a partir de su experiencia de larga tradición familiar.
Si bien en algún momento estuvieron de moda las salsas pesadas, con mucha crema y manteca, actualmente están en vigencia las salsas mediterráneas, más suaves, con vegetales diversos como calabaza, zucchini o berenjenas, aceite de oliva, albahaca, aceitunas, frutas secas, etc. Tiene que ver con una tendencia mundial hacia la cocina más saludable y liviana. Claro que las salsas tradicionales siempre están vigentes y un buen plato de ravioles a la bolognesa de vez en cuando es un placer ineludible para los amantes de la buena pasta. Opciones hay muchas. A continuación, algunas de ellas...