El vegetarianismo tiene sí varias vertientes. Por un lado están los ovo-lacto-vegetarianos, que no comen carnes pero sí lácteos, quesos y huevos. Pero también están los veganos, que son los vegetarianos más estrictos, aquellos que no comen carnes pero tampoco utilizan productos textiles ni cosméticos que se obtengan de la explotación o matanza de animales.
Al contrario de lo que se piensa, el vegetariano suele ser una persona que le da mucha importancia a la gastronomía, no sólo en cuanto a sus propiedades nutritivas sino en su aspecto meramente gourmet. Si alguien desea saber cómo utilizar una legumbre o cuál es el mejor método de cocción de tal o cual verdura de estación, puede preguntarle a un vegetariano que seguramente le sabrá dar la mejor respuesta.
Porque lejos de ese concepto de aburrida y sin gusto, la cocina vegetariana se asocia cada vez más a un concepto exótico y creativo. En esto tiene mucho que ver la influencia de las cocinas asiáticas que han tenido tanta difusión en las últimas décadas y la incorporación de una mayor cantidad de verduras, frutas, cereales y especias en nuestros hábitos alimenticios. En cualquier libro de cocina vegetariana conviven recetas de Italia, Grecia, India, China, Japón, Marruecos, Indonesia y Tailandia. Toda cultura, por lejana que sea, tiene platos sin carne que los vegetarianos saben identificar y readaptar con gusto y paciencia a sus posibilidades.
Más allá de la elección de cada uno, sea o no vegetariano, esta cocina puede significar una ventana hacia un mundo de sabores nuevos que pueden enriquecer nuestra cocina de todos los días y hacerla -¿por qué no?- más saludable, variada y diferente.