Pero si bien estaban todos satisfechos, la sorpresa llegó en la caña de Mauro, que se arqueó de un modo inconmensurable dando lugar a una dura batalla. El pez buscaba ganar profundidad, convenientemente apoyado en la correntada, haciendo que la tarea de izarlo a superficie se transformara en titánica. Finalmente, tras 10 minutos de pelea que se hicieron eternos, el bocón asomó su lomo plateado en superficie y pudo ser subido a bordo: se trató de un hermoso mimoso de 5,400 kg, pura potencia.
Fue el mayor trofeo de una noche en donde salieron 25 bagres, un número magnífico para un grupo de cuatro cañas. Al aclarar, hora en que otros pescadores recién inician su rutina, estos aventureros se encontraron desandando el camino hecho en la víspera y tocando puerto a primera hora de la mañana, felices de haber compartido una noche entre amigos, a puro pique. Sin dudas, momentos así quedarán para el anecdotario y serán recordados en asados venideros, invitando a la revancha el año que viene con los duros y combativos mimosos del Guazú.
Por último, recordemos que esta especie entra a reproducir, y si bien el número de piezas suele ser abundante, recomendamos limitar al mínimo el número de sacrificio de piezas, dado que los pobres bagres sufren una intensa presión de pesca a lo largo de su migración con fines reproductivos y los verdaderos pescadores deportivos no debemos agravar el problema, sino más bien, intentar combatirlo.