El púgil doblemente olímpico, de 27 años, potencialmente el mejor crucero del país, no se sabe si debutó o no el último sábado (GKO 3). Si es un invicto o un perdedor, un fondista o un preliminarista, una potencia en ciernes o un probador, todo porque se discute si computarle o no su paso por la APB de la AIBA. Si la FAB impone su criterio, violó sus reglas. ¿Cuál es el mal menor, respetarlas, o contradecirse?

Absurdas decisiones nos impiden establecer con uniformidad de criterio, si el doble representante olímpico Yamil Peralta, debutó o no como profesional el último sábado, cuando venció por KO 3 al santiagueño Iván Cisneros en Villa Carlos Paz, Córdoba, quien sí debutaba.

Ahondaremos en algunos números para poner blanco sobre negro y explicar lo que es muy difícil, tanto de entender como de resolver. Es estadísticamente vergonzoso que no podamos ponernos de acuerdo en si el bonaerense, antes de subir al ring era alguna de estas tres cosas:

a) Un perdedor de 0-6-0 -como esgrime la FAB-, dado su paso por la APB (el circuito profesional de la AIBA), donde perdió todas.

b) Si era un debutante, como para casi todo el resto del planeta -incluida la prensa, el público, las páginas de records, y el sentido común-.

c) O si acaso, sumándole también las de la WSB de AIBA, donde ganó 9 y perdió 1, tenía 9-7-0, como hacen algunos ínfimos estadígrafos.

Habría una cuarta opción que algunos toman, que es considerar sólo aquellas peleas que Peralta hizo en la WSB de AIBA después de haber debutado en la APB, que dicho sea de paso, ya no existe más, o al menos, está parada hasta nuevo aviso.

Uno debería acatar lo que dicta la entidad madre del boxeo argentino (FAB). Pero ni ésta, ni ninguna entidad es La Biblia y puede equivocarse como cualquiera, y corregirse. Es perfectible y falible porque está manejada por hombres.

El caso Yamil es uno de esos en donde las reglas dejan prisionero al que las aplica tome la decisión que tome, simplemente porque son contradictorias, lo cual evidencia que algunas son erróneas.

Supongamos que Yamil –como impone la FAB- era un perdedor de 0-6. Tenía 6 peleas, casi todas a 8 rounds, y eso lo transforma –según las mismas reglas de la FAB- en un fondista hecho y derecho. “Malo”, pero fondista al fin, y por lo tanto, inhabilitado reglamentariamente para combatir contra un preliminarista -para colmo un debutante- como Iván Cisneros.

Yamil Peralta

El yerro reglamentario adquiere mayor gravedad cuando uno tiene que analizar antecedentes. Y los de Yamil, imposibles de desconocer por la FAB y la gente del boxeo, son impecables: doble representante olímpico, y no sólo eso, sino doble diploma olímpico, ya que en ambos estuvo dentro de los 10 mejores.

Es más; las derrotas de Peralta fueron ante campeones o medallistas olímpicos y mundiales como Clemente Russo, David Graff, o Tervel Pulev, y dentro de la misma esfera amateur, ante el sobrino de Félix Savón (Erislandy), siempre en fallos apretados o divididos. Algunas incluso las ganó y no se las dieron, porque prevaleció la “fuerza política” más que la deportiva.

Como agregado, este longilíneo de pesadas manos y 1,92 m de altura, tiene más de 150 peleas en su faz “amateur”, muchas de ellas –la mayoría- internacionales. Todos sabemos que su record de 0-6 es mentiroso, y la primera que lo sabe es la FAB. ¿Cuáles fueron entonces los motivos para autorizar su pelea ante un debutante desconocido como Iván Cisneros, con tan obvia falta de equivalencias reglamentarias, además de ventajas numéricas y de calidad?

¿Cómo hubiera defendido la FAB su postura ante un ocasional accidente, cuando su propia regla lacondenaría al haber permitido a un fondista contra un preliminarista?

Lo curioso es que aunque se lo hubiese considerado a Peralta un debutante, lo único que cambiaría sería la cobertura legal para la FAB ante un hipotético accidente, dado que estaría protegida reglamentariamente, pero su equivalencia real sería la misma.

Sin embargo, eso le haría modificar toda su política interpretativa respecto de las peleas realizadas en la APB. ¿La espada o la pared?

Justo es reconocer que en un principio –al menos, extraoficialmente- por tales razones la FAB no iba a autorizar la pelea. Pero el promotor Mario Arano, también extraoficialmente, avisó que la haría igual, no por capricho, sino porque, según él –y eventualmente es cierto-, lla mó a todos los cruceros del país y no había ninguno disponible, de los poquísimos que existen.

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En el ránking argentino hay 10 púgiles, y Yamil no figura. Los vencería a todos, pero no figura. Es más, le ganaría al actual campeón nacional, Pablo “Pokemón” Farías, que pelea este viernes vs Marcos Aumada. Y seguramente superaría a ambos, pero la FAB no le permite pelear ante ellos por su record negativo.

¿Entonces con quién podría pelear Yamil, según la FAB? Contra los malos no, porque es muy superior, y contra los buenos tampoco, porque es muy inferior. ¿Y entonces? Los pocos que hay en el medio piden mucha plata por ser ante él, y porque –obviamente- prefieren arriesgar contra los de arriba.

Todos los que participaron en la APB, en la WSB, o transcurrieron un par de ciclos olímpicos fajándose con la creme de la creme mundial, debieran estar facultados para enfrentar a cualquiera en el profesionalismo.

Con los mediocres a 4 ó 6 vueltas, y con los buenos a lo que sea, porque deben recuperar terreno perdido, foguearse con las nuevas reglas y nuevos guantes, e ir a probarse afuera antes de que sus talentos se diluyan y su juventud pegue la curva a la vuelta de la esquina.

Lomachenko fue campeón mundial con sólo dos peleas rentadas encima, y la 2ª también había sido por campeonato. Pasó de una esfera a la otra sin hacerlo en la APB.

Lo lamentable es que dentro de 15 o 20 años ésta va a ser un borroso recuerdo de pocos, que afectó a otros muy pocos. Quererla reivindicar en vez de aceptarla como un proyecto fallido, es no saber leer el futuro, y permitir que la obstinación triunfe por sobre la razón.

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