Arrancamos por el centro del río, entre piedras que ofrecían remansos y correderas, con señuelos de hélice y poppers a los que accionamos de forma rabiosa para motivar los ataques. Enseguida mis compañeros de pesca metieron un doblete de dorados “chicos”, entendiendo por “chicos” dorados de 5 kilos. La cosa siguió con señuelos grandes, tipo bananas Alfer’s y Cucú, pescando debajo de la salida de las turbinas. Allí, con movimiento de agua intensos, la pesca mejoró en tamaños, cobrándose varios dorados de 6 a 8 kilos con una “chancha” de 12 kilos a cargo de Marcelo Hurtado, lograda en spinning: im-pre-sio-nan-te. Créannos, estimados lectores, que después de pelear con un par de bichos de esta naturaleza en la turbulencia, los brazos quedan
tensos, los dedos se agarrotan y uno llega a desear que los dorados aflojen un poco y nos den un respiro en el pique para poder tener un descanso. Fue así que a una de las piezas, que me tomó un Alfer’s naranja de media agua, no la pude parar y tras vaciarme medio reel de multi lamento buscó refugio en unas piedras y cortó. A ojo de buen cubero el guía le calculó unos 15 kilos.
A media mañana ya teníamos unos 20 dorados cobrados, tanto con señuelos de super cie con hélice como con paseantes Heddon Sara Spook de gran tamaño, que se accionan stickeando, es
decir, con pequeños golpecitos de caña. La clave es no perder el ritmo del señuelo cuando vemos que el dorado ataca y falla, pues seguramente volverá a morder. Tras un parate al mediodía que aprovechamos para pasear por Daiman y almorzar un suculento asado, volvimos por la revancha en horas de la tarde. Esta vez, el guía Sebastián nos llevó a practicar la pesca con señuelos de super cie contra la costa. En una zona de piedras, divisamos dorados cazando y tras ellos fueron nuestros señuelos paseantes, que no pararon de ser mordidos toda la tarde. Una variante interesante fue poner un Spinit Highlander tuneado con una cuchara adelante, combinación efectiva para trabajar entre piedras, no enganchar, y concretar
piques sensacionales. Dorados de 6 a 8 kilos nos mantuvieron entretenidos casi hasta la caída del sol, donde volvimos al centro del río y logramos otro soberbio dorado de 10 kg. con un señuelo de media agua. Agotados, tras una decena de capturas más, debimos volver al embarcadero. Esta vez no dimos con los de 20 kilos, pero lo vimos en otra lancha de River Plate Anglers, donde una pareja logró uno de 17 kilos.