La cosa es que navegamos hacia el puerto de Buenos Aires, y anclamos en un punto específico que el guía venía testeando en jornadas previas. Armamos equipos compuestos por cañas Tech Tomahawk Wilmar Merino de bait, Silstar Rooster 2,10 y Shimano Convergence, y comenzamos los intentos. Si bien mis primeros dos dorados los saqué con una combinación de señuelo Highlander montado en cuchara Mepps 4, no tardamos mucho en ver que la pesca se hallaba fondeada, acaso por la lluvia, y lo cierto es que picaron grandes dorados de 3 a 4 kilos con señuelos bien paletones, tanto de la línea Tech como los excelentes Bomber y Cotton Cordel.
Las peleas eran sensacionales, plenas de saltos, corridas y buceos en pos de zafar del señuelo, pero por fortuna perdimos pocas piezas. Tuve un par de ataques en el nuevo Jighlander de Spinit, mezcla de jig y ropajes de goma que anda de maravillas pero que no pude terminar de testear porque el viento se tornó demasiado intenso y tuvimos que acelerar el regreso.
Párrafo aparte para el guía, un profesional con el que ya hicimos varios relevamientos exitosos y que en esta jornada tan difícil por las condiciones climáticas nos demostró su pericia para llevarnos a puerto en condiciones tras 40 minutos de navegación. Fueron apenas 8 piezas de excelente porte las que nos permitieron comprobar que ya es posible hacer un pescón con artificiales en aguas porteñas. De habernos tocado un buen día, seguramente hubiésemos multiplicado las capturas. Ya tenemos la excusa perfecta para volver a intentarlo.