Cuando una persona de poder es asesinada se dice que su alma cae en una confusión tal que no acepta su muerte y su alma probablemente se quede vagando porque deja cosas que hacer o decir, y hasta que no le tocaba su ciclo real donde hubiera muerto es que entonces ve el umbral y pasa a la otra dimensión, según comunicó Ríos.
Lincoln apareció en repetidas ocasiones y ante los más diversos testigos, pero no fue el único. Mientras pasaba una noche en la Casa Blanca, la Princesa Wildhemina de Holanda, escuchó que alguien tocaba la puerta de su recámara. Al abrir, la mujer se encontró, frente a frente, con el espíritu del ex presidente asesinado. Al escuchar los gritos de la princesa, un secretario corrió a ver lo que sucedía. El hombre señaló que vio al fantasma del mandatario, sentado sobre su cama, colocándose unas botas.
Años más tarde, el Primer Ministro británico, Winston Churchill, durante una visita a Washington, pidió que le cambiaran de habitación, después de ver al fantasma de Lincoln parado junto a una chimenea. Otros presidentes han visto al fantasma de su antecesor, como es el caso de Franklin D. Roosevelt y su esposa.