Todo comenzó cuando un hombre volador apareció de la nada cuando el avión se disponía a aterrizar en el aeropuerto de Manchester, a 3.500 pies del suelo, dejando atónitos a pasajeros y tripulación. El capitán y el primer oficial dieron aviso a la torre de control del avistamiento, informando que podría ser un hombre practicando parapente, aunque no pudieron ver el paracaídas y tampoco aparecía en los radares; lo que acrecentó el misterio.
