Fue debido a su clima ideal que los franceses la consideraron un lugar ideal para los expatriados europeos, frescos veranos y nevados inviernos. Para lograr tal ambiente, el estilo arquitectónico e incluso los árboles y plantas con flores fueron importados de Europa. Es un lugar completamente contrastante con las calles terregosas y de laberinto de la ciudad de Marruecos, aunque no deja
de presentar algunos rasgos característicos de la zona como una mezquita, un mercado público, y
otros servicios añadidos tras la independencia de Marruecos.